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Presentar batalla

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Y decidirse a hacerlo antes que la única alternativa sea huir. Las izquierdas en el gobierno ya no construyen el socialismo, pero pueden hacer el milagro de generar indicadores de pobreza que superan el 50% en poblaciones de países inmensamente ricos en recursos naturales como Argentina o Venezuela.

Cuando eso ocurre, la única esperanza es emigrar. Y si luego de transformar la economía en un manicomio, el proceso continúa atacando las libertades, la emigración necesariamente deberá transformarse en clandestina huida. Así ha sido desde siempre en toda latitud donde el comunismo haya asentado sus reales. Para tenerlo presente, alcanza con el ominoso recuerdo del Muro de Berlín.

Decía Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. Y es esa misma buena gente, esa mayoría silenciosa que mientras la democracia y la libertad vigentes lo permiten no se decide a librar la batalla por sus valores, por sus ideas, por su cultura. Luego, ya será tarde.

Se me dirá: en Uruguay estamos lejos; somos una democracia ejemplar; gozamos de una estabilidad política que es la envidia de todo el continente.

Es cierto; pero también lo es que el principal partido político está siendo liderado abrumadoramente por dos opciones de extrema izquierda: obsecuentes comunistas y exguerrilleros. Las mismas facciones que en los 60´ se levantaron contra la democracia; la primera desestabilizándola desde el frente legal de carácter estudiantil y sindical y la segunda con la insurrección armada.

El muro de contención que evitó que los quince años de gobierno frenteamplista nos condujera al despeñadero (“el astorismo”) está en franca retirada. Abundan en el FA los que vienen por las reformas de 2ª. generación, con irresponsables propuestas de cuño tan antisistémico como en los 60´.

Como entonces siguen repudiando la economía de mercado (el capitalismo) mientras que no titubean en admirar la presidencia de A. Fernández, el mamarracho de la conducción económica kirchnerista o el socialismo del siglo XXI de Maduro. Ortega todavía tiene la llave de Montevideo.

Los grupos que integran el FA participan del Foro de San Pablo; ese contubernio en donde la vieja izquierda guevarista busca abrazarse con la nueva, más proclive a encontrar el poder mediante elecciones, pero que no duda en declarar a Cuba (en donde las elecciones se ganan por el 100% de los votos) “Patrimonio Universal de la Dignidad”. Una sentencia fraguada en el más puro cinismo y recientemente avalada en términos similares por Sandra Lazó (senadora del FA) cuando agradeció a Cuba “por haber sido y ser luz permanente para la libertad”.

Debemos estar decididos a confrontar ideas y valores en todos los ámbitos utilizados por la izquierda para instalar su hegemonía cultural. Su verborragia bien pensante de bellísima estética y atractiva presentación se desvanece cuando le exigimos a nuestro interlocutor de izquierda que nos mencione un solo ejemplo en donde semejante escala de valores y sistema de ideas haya generado una sociedad próspera y libre. Como en 1816: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos”.

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