Alejandro Nelson Bertocchi | Montevideo
@|“Hay solamente dos poderes en el mundo, la espada y el espíritu. A la larga, la espada siempre será vencida por el espíritu”. Según establece la pluma de Emil Ludwig, esta sugestiva máxima fue vertida por el emperador Napoleón Bonaparte luego de su desastrosa campaña de 1812 contra la Rusia del Zar Alejandro I y la efectuó ya en París, amenazado por los ejércitos de media Europa.
Así lo expresó ante la presencia de Talleyrand, entonces todavía gran chambelán del imperio francés; en esta instancia, el encargado de conservar al papel tamaña frase de uno de los conductores más señalados en la historia de las guerras.
Históricamente, en tamaño momento y de acuerdo a este tipo de circunstancias simbólicamente sólo existe una frase medianamente similar en su forma cuando el perdidoso emperador chino Xuanzong le manifestó a Gengis Kan que “Se puede conquistar un imperio a lomos de un caballo, pero no se lo puede gobernar desde él”. Como remate, ese notable personaje que fue Charles Maurice de Talleyrand también nos dejó rubricada otra sentencia, pero en este caso de su misma impronta cuando varios meses después de aquella expresión inicial del emperador, éste le comentó con aflicción que se lamentaba de sus dificultades con España, una tierra a la que sus ejércitos no lograban controlar. “Sire, las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para sentarse sobre ellas”. Una contestación que va mucho más allá de una mera disquisición intelectual pues viene por boca de uno de los diplomáticos más representativos y emblemáticos de una época, quien supo manejar inteligentemente difíciles situaciones a gran escala en una forma plenamente racional.
Fue uno de los hacedores de aquellos decenios de paz europea que consumó la Santa Alianza, espacio sólo roto y no por casualidad, por la guerra de Crimea y los típicos desbarajustes balcánicos donde contemporáneamente van a estallar los dos mayores conflictos planetarios del pasado siglo. Y supo posicionar globalmente a una Francia perdidosa que luego de Waterloo había quedado fuera de juego siendo un extraordinario diplomático defensor de la moderación política que, por supuesto, como cosa humana tuvo sus grandes detractores.
Entonces, a luz de este momento histórico donde ni por asomo se observa un resquicio de lograr algún consenso de cara a lograr interceder sobre el conflicto de Ucrania -incierto evento que bien podría alcanzar un espacio incontrolable, disparándose en una guerra a gran escala-, cae por su peso la contemporánea ausencia de tan extraordinarios personajes que, como vemos, nos ha dado la historia.
Sin lugar a dudas ante este opresivo panorama bélico, donde rusos y ucranianos se hallan establecidos y empantanados sobre un frente irregular que demasiado recuerda al occidental de 1914-1918; para lograr su dilucidación, todo queda sujeto bajo el camino de la espada. Donde, sin lugar a dudas, observando las circunstancias, bien podrían reproducirse capítulos similares a los célebres hechos del Somme y la desgastante batalla monumental de Verdún; toda una remake de aquel enfrentamiento cuya similitud se nos hace ahora patente día tras día.