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Políticos vs policastros

Arq. (J) Ignacio David Weisz | Montevideo
@|Varios acontecimientos desafortunados de las últimas dos décadas vienen cuestionando el proceder de ciertos políticos de nuestro país, independientemente del partido al cual pertenecen, a raíz de lo ocurrido en el departamento de Artigas.

Nuestra organización político partidaria se divide entre dos facciones, que para sintetizar denominaremos de izquierda y de derecha aunque en realidad el primero reúne a los partidos de centro-izquierda y el segundo a los de centro-derecha.

Cuando analizamos a este relevante estamento de nuestra sociedad constatamos que:

- Si bien son servidores públicos del mayor empleador nacional directo e indirecto (cubre el 10% de la población), no son trabajadores sindicalizados, gozan de prebendas y remuneraciones generosas dispuestas y concedidas por ellos mismos, algunos (130 parlamentarios) inmunes a censuras y despidos mediante el recurso de los fueros.

- Poseen o adquieren una sofisticada manera de eludir lo que pueda perjudicarlos.

- Algunos anteponen su ideología a los intereses del país.

- Manifiestan una cierta complicidad corporativa.

Cuando individualizamos a sus integrantes comprobamos que:

a) Hay quienes se hacen llamar “políticos” pero ni siquiera son “partidarios” aunque se han afiliado a uno. Integran la nómina mediante un proceso muy bien urdido (el armado de las planchas) en donde aparentemente son “elegidos” por el pueblo pero sus nombres fueron previamente dispuestos por autoridades del partido. Interesa destacar que son reclutados no por su competencia sino por su popularidad (una premisa del mercadeo) o su doctrina ideológica. Los votos no seleccionan a un estadista sino a alguien devenido en “popular”.

b) Están los vocacionales que se caracterizan por su entrega y compromiso para superar los problemas de la sociedad a la cual pertenecen. Se distinguen por actuar con: preparación, responsabilidad, credibilidad, convicción, autoridad, empatía, compromiso social, transparencia, autocrítica, liderazgo, honradez, integridad, lealtad, capacidad para negociar, delegar y tomar decisiones; han abrazado esa ocupación porque les interesa actuar en la cosa pública dedicando tiempo y esfuerzo, en la gestión de la cosa pública, desempeñando cargos locales, regionales, nacionales o internacionales.

c) Están los policastros, que utilizan la política como un medio para fines personales, buscando un determinado nivel social y económico “a caballo” del cargo obtenido; gozan con el ejercicio del poder logrado, utilizar los dineros públicos y los aportes de los contribuyentes para beneficiar a correligionarios y familiares. Se destacan y distinguen por ser: corruptos, demagogos, sectarios, incompetentes, populistas, narcicistas, megalómanos, soberbios y con inmenso afán de lucro.

Resulta fácil determinar que sus actuaciones dan lugar a suspicacias y rechazos porque estos supuestos representantes del pueblo actúan amparados en el marco del ordenamiento jurídico (de una Justicia que no es ciega sino sesgada), desconociendo principios éticos elementales que también afectan a las instituciones, a los partidos políticos y a la ciudadanía.

Hasta aquí un relevamiento personal, subjetivo e imperfecto de la realidad de nuestra actividad política.

¿Qué es lo que visibilizamos, visto y considerando que estamos ante elecciones nacionales, que en el horizonte se están gestando transformaciones extraordinarias como el cambio climático, la inteligencia artificial, el narcotráfico, las radicalizaciones ideológicas, los cambios de paradigmas, etc.?

Los actuales procesos tienen una mayor velocidad. Los protagonistas no son sólo los inversionistas del capitalismo, las sociedades están cambiando sus integraciones: de gente ociosa vs productiva (la primera con una mayor cantidad de jóvenes y centenarios).

¿Seguiremos permitiendo la conjunción del interés personal con el público? ¿Permitiremos que narcisistas nos conduzcan a un futuro incierto, tolerando a los politicastros? ¿Debatiendo vanamente la diferencia entre lo ético, lo político y lo jurídico?

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