Miguel Rodríguez | Maldonado
@|En el pasado nos preguntábamos, al ver importantes obras encaradas por la Intendencia de Maldonado en distintas zonas del departamento, si Piriápolis era una isla, ya que ninguna de esas obras eran para el balneario.
Quedaba atrás y como única realización de cierta entidad fue la remodelación, en 2014, de las cinco principales cuadras de la Rambla de los Argentinos; triste exponente de un estilo de arquitectura soviético realizada con pobres materiales, de un muy bajo valor estético y que ya luce un notorio deterioro.
Elogiamos la importante ampliación al Puerto culminada en 2019, así como el prolijo mantenimiento que del mismo hizo y hace la Dirección Nacional de Hidrografía (MTOP), logrando transformar la zona en un verdadero paseo público.
El otro factor que analizábamos eran los problemas de convivencia que con el característico y decadente estilo de administración del MPP se fueron agudizando: contaminación sonora, corridas de autos y motos y bailantas callejeras a cielo abierto; desbordes que fueron a lo largo de los años destruyendo el famoso encanto de Piriápolis.
Felizmente los anteriores aspectos negativos se han encarado con seriedad; han mejorado las condiciones de convivencia; se han realizado importantes obras de infraestructura; han mejorado notoriamente los trabajos de mantenimiento y limpieza y se han notado mejoras en los controles de tránsito.
Es evidente el trabajo y la presencia de la Intendencia Municipal de Maldonado, del Municipio de Piriápolis, de la Policía Nacional y de la Prefectura Naval.
Como es lógico los vecinos/contribuyentes demandamos siempre más.
En cuanto a convivencia, y, repitiendo que se ha mejorado mucho, pensamos que en un pequeño balneario no es imposible controlar a unos pocos autos que, junto a no más de 20 motos con sus caños de escapes libres, molestan a cientos de personas con sus abusos diurnos y nocturnos.
En cuanto a obras, cabe aspirar a que la reconstrucción, ya realizada, de las ramblas de Punta Colorada, San Francisco, Punta Fría y tramo desde La Rinconada hasta La Rotonda, lo que no es poca cosa, culmine con la reconstrucción total de Avda. Piria.
La “Ramblita” es un diamante sin pulir que con pocos rubros e imaginación profesional se puede transformar, al mejor estilo de los balnearios españoles o franceses, en una vía blanca, verdadero paseo público.
Otra zona de particular belleza panorámica es el tramo de la rambla entre La Rinconada y el Puerto de Piriápolis en donde colocando bancos se habilitaría otro lugar de disfrute para contemplar el mar y las famosas puestas de sol.
Piriápolis puede conjugar condiciones amigables de convivencia con entornos agradables y servicios eficientes. De darse lo anterior vendrán y disfrutarán más los turistas, habrá más inversiones, verán más rentables sus negocios los empresarios, microempresarios y emprendedores locales y se generará así gran cantidad de fuentes de trabajo para sus habitantes permanentes y los de sus cercanías.