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Peligros de los teóricos

Goy Viera Silva | Montevideo
@|Periódicamente hurgamos entre libros y papeles de larga data con la finalidad de establecer la evolución (si la hubo o no) de diferentes patrones históricos referidos a diversas circunstancias, comparándolos con el estado actual de los modelos en vigencia.

He aquí lo que encontré últimamente, de lo cual me limito a extractar las siguientes afirmaciones imperdibles: “…los economistas que creen demasiado en sus cálculos de gabinete son un verdadero peligro. Pretenden predecir los acontecimientos económicos, pero si verdaderamente lo supieran, como los astrónomos que predicen las posiciones futuras de los astros, serían los hombres más ricos, lo que, por supuesto, no es así. Me estoy refiriendo a los “economistas puros”, es decir los que viven en su burbuja incontaminados por la realidad, no a los que tienen los pies sobre la tierra porque administran algún negocio concreto y practican sus ideas en carne propia. Los economistas puros son muy buenos para construir silogismos, pero a un entendido en silogismos lo patea una mula mansa, mientras que a un entendido en mulas la más chúcara no le hace mella. Yo escucho atentamente las opiniones de los teóricos de la economía, pero si les hubiese hecho siempre caso las empresas que dirijo estarían fundidas…”.

“La economía de un Estado o de una empresa no es otra cosa que administración económica, por lo que corresponde que la conduzcan los que han demostrado que saben administrar. La función de los economistas teóricos debe ser prestarles colaboración técnica”. “La administración de la economía es algo demasiado importante como para dejarla en manos de teóricos que en la práctica nunca han administrado nada y que experimentan sus ideas sobre el cuerpo social, como si se tratase de conejillos de Indias”.

Esta transcripción ha sido extractada de un artículo publicado en el año 2002 por el Doctor en Derecho y Ciencias Sociales Carlos Pedro Blaquier, quien deseamos se encuentre en plena salud.

A ojos vistas, después de más de dos décadas de formuladas, las afirmaciones que transcribimos ut supra aplican perfectamente a la actualidad, visto el profuso desfile en el lapso de tiempo mencionado de una caterva de tecnócratas de todos los pelos ejerciendo el mismo catecismo aprendido y memorizado que ha causado permanentemente los mismos detrimentos y conflictos al país y su sociedad.

La Historia nos dice que, para que un país sea tal debe poseer un único elemento determinante y abarcador: independencia. Sólo a partir de ella se podrán instalar firmemente el republicanismo y la libertad conducentes a una democracia racional amén de una idiosincrasia y cultura nacionales, todo ello –hagamos énfasis- en ejercicio de la soberanía. ¿Pero qué tenemos en realidad?

Unas “letras muertas” en la Constitución de la República Oriental del Uruguay afirmando que somos “libres e independientes”.

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