El Gramillero | Cerro Largo
@|¡Y dale Juana con la campana! La presidencia de la Cámara de Diputados ha anunciado, con un suspiro de alivio, que ya tiene casi pronto el sistema de voto electrónico para sustituir el primitivo voto a mano alzada. Este es el tercer intento de instalar algo caro y absolutamente inútil.
El propósito de sustituir la votación tradicional a mano alzada por botones y lamparitas eléctricas obedece a un complejo de inferioridad propio del subdesarrollo mental de algunas instituciones de sociedades atrasadas. Les parece algo primitivo que los diputados manifiesten su aprobación de los proyectos de ley levantando la mano. ¿Qué tiene de malo? ¿Cuál es el inconveniente?
Dicen que es un paso de modernización importante de nuestro Poder Legislativo. Ya se ha intentado en legislaturas anteriores (tres veces), se ha gastado dinero importando equipos electrónicos y no se ha podido aplicar. ¿Se ha constatado algún contratiempo por no tener esos equipos? Ninguno. ¿Qué problemas o necesidades resuelve su incorporación? Ninguno.
El mismo error, el mismo complejo de ser subdesarrollado afecta a quienes considerarían un importantísimo adelanto sustituir el voto en listas de papel por el voto electrónico en las elecciones nacionales. Sienten como un atraso los montoncitos de listas, contados por los delegados de mesa, uno por uno mojando el pulgar en la lengua, con primero, segundo y tercer acta de escrutinio. Preguntados por la fundamentación de la aspiración de cambio contestan que el sistema electrónico permite saber antes el resultado electoral. Antes es un par de horas. No advierten que lo importante no es un resultado temprano sino un resultado seguro, que no haya posibilidad alguna de alteración en el recuento de votos.
El espejismo de un progreso vinculado a la maquinita es propio del subdesarrollo. Progreso artificial para impresionar, pour épater les bourgeois, como hubiera dicho mi abuelo, o para inglés ver como dicen en mis pagos de Cerro Largo.