Esteban Vicente | Montevideo
@|Se ha vuelto reiterativo el tema del agua corriente en la capital. Existe una causa: el principal problema no está en el líquido elemento, sino en el transporte del mismo.
Y no nos confundamos, OSE es Obras Sanitarias del Estado, lo que nos llevaría a pensar en que la capital estaría a cargo de la salida de aquello que los seres humanos desechan a través de las redes cloacales; esto no es así, de ello se ocupa la Intendencia Municipal de Montevideo. A esos efectos cobra la Tasa de Saneamiento, que es igual a lo que OSE cobra por suministro de agua corriente, lo que no parece lógico, pero es así.
Otra vez de las canillas montevideanas sale un líquido que no tiene las características de color y olor que se supone debe tener el agua potable y por la que cobra el Ente Autónomo, que al comienzo de año aumentó sus tarifas al doble de la inflación.
Si mantenemos los mismos caños de notoria antigüedad, podremos construir represas para almacenar agua que luego se dilapidará por las calles, o sea, invertiremos en algo que no será solución al problema y ni hablar si la única fuente (el río Santa Lucía) tiene una crisis por contaminación o sequía.
No parece razonable que no haya voluntad política para que quienes detentan el poder, la obligación y la facultad de atacar el problema, no lo hagan.
Basta con revivir las expresiones de un ex-senador y actual importante integrante del Poder Ejecutivo: “Hoy estamos recibiendo un agua que no es potable y seguimos pagando el mismo servicio, o sea que el gobierno debió haber anunciado una rebaja de la tarifa de OSE... habla de un gobierno que reacciona tarde... y que los directivos de OSE ya se deberían haber ido”.
Una cosa es criticar – para lo cual se tiene todo el derecho – y otra, bastante diferente, es hacer, cuando se tiene la potestad...
Por favor, tenemos doscientos años de existencia como nación independiente. Pongámonos los pantalones largos y acordemos políticas de Estado, más allá de quienes gobiernen y tengamos agua potable y saneamiento.