Negociación comercial con EE.UU.

@|En un escenario donde se aplican medidas proteccionistas por parte del gobierno de Estados Unidos y se negocian exoneraciones a los tributos que a esos efectos se están aplicando, pienso que puede ser interesante la experiencia personal que tuve en un caso similar. 

Hace ya 34 años, cuando, me desempeñaba como Representante Permanente del Uruguay ante la OEA, el Presidente Ronald Reagan informó que iba a gravar la importación del cobre procedente de Chile y Perú. En atención a ello, el Consejo Permanente de ese organismo interamericano, convocó a la Comisión Especial de Consulta y Negociación (CECON) y para mi enorme sorpresa, porque el Uruguay no estaba directamente interesado en el tema, fui designado presidente de esa comisión. 

Para cumplir ese cometido me proyecté con entusiasmo a obtener información sobre todos los aspectos vinculados con la importación de esas materias primas a los Estados Unidos, y sobre la incidencia que, en la industria de ese país, iban a causar los impuestos proyectados. Una vez procesado ese material, entendí que debía de entrevistarme con el responsable del comercio exterior de los Estados Unidos para hacer el planteo correspondiente. Se trataba del Señor William E. Brock III, que fungía como Director de Comercio de ese país (“United States Trade Representative”). Cuando mis colegas en la OEA y en la propia Embajada del Uruguay se enteraron de que me iba a reunir con este señor trataron de disuadirme:”es un ogro”, “terrible maleducado y arrogante”, “te va a tratar muy mal”, etc. Lo cierto que con las advertencias del caso concurrí a la audiencia que se me había conferido por el Sr. Brock III y al ingresar a su despacho me encontré con un hombre de más de 2 metros de altura y de cerca de 150 kilos de peso. Una personalidad imponente y, en principio, antipática a tal punto que no me invitó a que me sentara. Me recibió de parado. Con ese panorama tan hosco, le dije: “no vengo a hacerle perder el tiempo, vengo a decirle que si aplican ese impuesto al cobre de Chile y Perú, el próximo auto que Usted compre lo va a pagar un 5% más caro”. Ante mis palabras, me miró sorprendido y me dijo “la verdad que no esperaba ese comentario suyo, yo pensé que Usted venía, como muchos latinoamericanos, a decir “boludeces” (“bullshiting”) y a mencionar al panamericanismo, a Bolívar, a San Martín y a Washington. Y acá, en los Estados Unidos, en materia comercial, sirve o no sirve y lo que Usted me dice, me sirve. Tome asiento….” A partir de ese momento, le expuse detalladamente sobre el incremento que la medida iba a tener sobre el costo de una serie de productos de la industria de Estados Unidos y le dejé un dossier resumido con los números más impactantes en esa materia.
Unas semanas más tarde, la OEA recibió una nota del Presidente Reagan en la que le comunicaba que se había desistido de la aplicación de esos impuestos y que el planteo que la misma efectuó había sido muy útil para tomar esa decisión. 

En lo personal, por esa intervención tan curiosa, tuve el honor de que el Presidente Reagan y su esposa Nancy, nos invitaran a mi esposa y a mí a un asado (“barbecue”) en la Casa Blanca donde tuve el privilegio de conversar unos minutos con ese carismático Presidente de los Estados Unidos de América.

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