Santiago Pérez | Montevideo
@|El caso Minerva.
A más de cien días de haber iniciado el proceso de adquisición de tres plantas frigoríficas de Marfrig por parte de Minerva, líder en exportación de carne vacuna en América del Sur, el caso no ha sido dejado a un lado del debate político, surgiendo diversas propuestas y opiniones a lo largo y ancho del espectro político.
Sin embargo, rara vez un político sabe perfectamente los argumentos de teoría económica, sucediendo normalmente que sea un ignorante en esto. Además, existen economistas que sostienen una visión errónea de la economía de mercado, concibiendo el estudio de la misma como centrado en un modelo estático.
Según Jesús Huerta de Soto, esta manera de entender a los mercados es completamente errónea. Los mercados son procesos dinámicos de cooperación social, de intercambios voluntarios de derechos de propiedad, volátiles a la información disponible que se transmite mediante el libre sistema de precios. Dicha información muestra las preferencias de los consumidores en todo momento, las cuales no son estáticas ni se conocen perfectamente. Es la función del empresario la de poder descubrirlas y poder satisfacerlas de la mejor manera posible.
Otro error común de políticos y economistas es creer en la “soberanía del consumidor”, el creer que los consumidores tienen el poder soberano sobre la producción y la oferta. A esto se han orientado las leyes de defensa de la competencia: garantizar la abundancia y la diversidad de empresas con el fin de otorgarle mayor libertad a los consumidores. Murray Rothbard lo deja claro: libertad no es abundancia y diversidad. La libre competencia no significa competencia perfecta, sino que significa libertad de propiedad, de producción, de compraventa y de transformación sin intervención externa.
¿Qué sucede con los monopolios y otras estructuras de competencia “imperfecta”? Varios autores los definen como “fallos” del mercado, pero no tiene sentido esto puesto que, explicado por Javier Milei, en un proceso de cooperación social de intercambios voluntarios ningún individuo busca mantener el daño a otros, siendo innecesaria la intervención estatal. Los mercados libres siempre van a poder sortear los fallos que surjan.
Sin embargo, el supuesto problema central del monopolio es su influencia sobre el precio de mercado. En la realidad de los mercados libres, todo precio surge del acuerdo mutuo entre partes, por lo que el precio monopolístico no es un problema en términos de eficiencia, además de la imposibilidad técnica de saber si un precio es monopólico o no. Incluso si a un monopolio se le ocurriese aumentar considerablemente el precio de venta, los consumidores van a optar por bienes sustitutos debido a que el dinero que tienen disponible es finito y se deben satisfacer otras necesidades personales.
Asimismo, en mercados libres, la cantidad de existencias de un bien va a ser siempre la más eficiente. Los monopolios no son la excepción, ya que, por mayor eficiencia productiva o estrategia de precios, podrán satisfacer a los consumidores de igual o mejor manera. También es el caso de la concentración económica, dotando a una empresa con mayores bienes de capital. Aun así, es un hecho empírico que la innovación y los avances tecnológicos aumentan la diversidad de bienes disponibles.
Entonces, ¿cómo se “combate” a los monopolios? Para que los mercados funcionen libremente, hay que eliminar las barreras de entrada, ya sea a través de desregulación, eliminación de permisos, privilegios y patentes, liberalización de las importaciones y reducción de la presión fiscal. Esto permite que emprendimientos locales y empresas extranjeras puedan competir. En palabras de Rothbard: “no hay acciones humanas que puedan mejorar la satisfacción de la demanda del consumidor en mayor medida que la actuación del mercado libre de trabas”.