Dra. Diva E. Puig | Montevideo
@|“El Mundo Llora” es el título de mi último libro, pero eso se aplica también a nuestro querido país.
Hace 20 años leía en la revista de Japan Airlines que Uruguay era el país más seguro del Continente y que junto a Costa Rica tenía los niveles más altos en educación.
Actualmente duele ver a jóvenes que prefieren no estudiar ni trabajar, sin distinción de clases, y luego se sabe a dónde conduce ese camino...
Hoy lo que vivimos parece sacado de una película de terror. La violencia es terrible, me sentí más segura en Bogotá en épocas de las FARC y en Lima luego que el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru penetrara en la Embajada de Japón y perpetrara un secuestro masivo. No es que no hubiera peligro, pero el Estado estaba presente.
Me sentía más segura porque las fuerzas de seguridad estaban desplegadas por toda la ciudad.
Hoy no hay día que la noticia que no falta en los medios de comunicación es la de los homicidios ocurridos en el día; donde al caminar por las calles nos encontramos personas o familias tratando de sobrevivir al aire libre, sin ningún resguardo y hurgando por algo de comida; donde manejar se ha vuelto tarea de titanes porque hay que esquivar autos, taxis, ómnibus, camiones (estos dos últimos casi siempre con la matrícula pintada para que no se vea el número de la misma) que circulan a toda velocidad, no respetando las luces ni las señales de pare y ceda el paso, incluso circulando a contramano y las motos en zig zag a velocidades suicidas u homicidas; motos circulando por la vereda, ciclistas de noche vestidos de negro y sin señal alguna. Rapiñas y robos por doquier (me rapiñaron hace más de dos años, inmediatamente la Policía individualizó la moto pero nunca más me enteré de nada).
Las veredas están repletas de basura, destrozadas y contenedores rotos o quemados, con montañas de basura a su alrededor.
Los médicos atienden 10 minutos, en algunas mutualistas hay afiliados clase A y clase Z. A veces se pone en la historia clínica del paciente información incorrecta con la gravedad que ello implica.
Animales abandonados y maltratados. Desde hace más de tres años tengo una perrita vecina que vive un calvario.
La situación se está extendiendo a todo el país.
Y acá la responsabilidad es de los tres Poderes del Estado e Intendencias.
El poder hay que ejercerlo.
No se puede vivir en estas condiciones que, además, se han extendido a los niveles micro como consorcios de copropietarios, vecinos, etc.
Muchas veces las penas que se aplican no se condicen con la gravedad de los delitos cometidos y algunas dan ganas de llorar.
El Poder se debe ejercer, las competencias establecidas en la Constitución de la República se deben cumplir, de lo contrario esta realidad límite que padecemos nos va a superar.