Los jóvenes violentos (I)
C.I. 1:606.446-2 | Pando
@| "Leyendo el editorial de El País del 24 de enero "Jóvenes Violentos" y reflexionando sobre el mismo, he recibido fuerza de voluntad para relatar un hecho que nos sucedió a mí y a mi familia el 17 de julio de 2003, en la Avenida Aparicio Saravia, a unos metros de la intersección con la calle Timbúes.
Ese día me desplazaba por Aparicio Saravia en dirección a El Prado en una camioneta pick up junto a mi familia, mi esposa y dos hijos, Claudia de 11 años y Valentino de 7. Lo hacía por razones de trabajo, ya que me proveo de envases en una empresa de esa zona. Iba por esa vía porque desde Pando me significa un buen atajo y llego más rápido.
Al pasar la avenida Pedro de Mendoza, y mientras nos desplazábamos a escasa velocidad, vimos en el medio de la calle a dos niños de no más de 5 años que pretendían transportar unos bloques, lo cual quizás llamara la atención por el peso de los mismos. Como corresponde, detuve la marcha, para permitir que los niños llevaran su carga a la otra acera, inclusive hice un gesto caballeresco indicándoles que podían tomarse su tiempo ya que yo no estaba apurado; sí lo estaba, pero quería ser amable con esas criaturas.
Ninguno de nosotros imaginaba los momentos de terror que sobrevendrían en los próximos instantes, pues la presencia de los niños era una emboscada para atacarnos de la forma más feroz. Estallaron los vidrios laterales de la camioneta y todos comenzamos a gritar sin saber bien lo que sucedía. Recién nos dimos cuenta cuando, en el asiento delantero, entre mi señora y yo, se encontraba un menor, tal vez de unos 15 ó 16 años, que, habiéndose tirado por la ventanilla rota, se había prendido de una cartera que llevábamos allí. Nosotros lo apresamos con fuerza y por el instinto de proteger a nuestros hijos, dado que todavía no comprendíamos bien lo que pasaba o lo que podía pasar. Al levantar la vista vimos que estábamos rodeamos de sujetos que no eran tan menores y que nos miraban en forma intimidatoria, frente al parabrisas y uno de cada lado, dos de ellos sostenían los bloques prontos para lanzarlos sobre el mismo.
Con mi estado de nervios tenía el vehículo acelerado al máximo y por gracia de Dios o como quiera interpretarse, logré poner una marcha de primera y la camioneta salió arrastrándose entre otros que, prendidos de atrás querían retenerla y sufriendo el impacto de los dos bloques lanzados en el parabrisas a menos de un metro que lo hicieron trizas pero, y debo reconocerlo, por la gran calidad de protección del mismo, los bloques no pudieron golpearnos, lo que hubiese significado quedar a expensas de todo ese grupo de agresores sin querer imaginarme más lo que hubiese sucedido. Continué la marcha entre los gritos de mis hijos mientras nuestras manos sujetaban al sujeto que se había zambullido dentro del vehículo. Más o menos a una o dos cuadras lo soltamos, porque tampoco era nuestra intención retenerlo sino que proteger nuestros hijos.
Desde allí seguí sin parar y presa del terror, no recuerdo si vi los semáforos, hasta la fábrica de envases, donde debo agradecer al Sr. Alonso que nos ayudó a limpiar la camioneta que había quedado con una alfombra de vidrios rotos. Recibí orientación policial y me dirigí a la Seccional 12, sita en el Prado, en la calle Millán. Allí hice la denuncia ante unos policías que sin restarle importancia al hecho, tampoco se vieron muy asombrados y me dijeron que por ese lugar no debía pasar. La denuncia fue anotada como intento de hurto y agresión con el número 1556 del 17/07/03 y nunca más me llamaron ni vi la noticia en ningún diario.
Posteriormente me dirigí a la Sociedad Gremca, donde mi señora fue atendida de los pequeños cortes en la cara y donde el médico que amablemente nos atendió nos dijo que si bien lo que nos había pasado había sido de gran violencia, no era un hecho aislado sino que otros casos de agresión y rapiña eran pan de todos los días.
Hoy en día me queda la secuela de una hija que no quiere ir más a Montevideo y yo, ciudadano común, ex-empleado de Metzen y Sena con 22 años de trabajo y excelente conducta, que una vez enviado al seguro de paro decidió iniciar un emprendimiento en el agro sin dejar de trabajar cada día afrontando reveses y fracasos y pagando puntualmente todos los impuestos, no puedo transitar por ciertos lugares de la capital de mi país, Montevideo.
Una profesora del IFD de Pando al que asisto me dijo en alusión a este hecho que esa gente hacía estas cosas en su desesperación por el hambre y ante ello yo formulo las siguientes preguntas: En este país productor y exportador de carnes y de otros numerosos productos del agro entre los que se halla el que yo produzco, con tierras aptas para la producción de alimentos, con grandes extensiones deshabitadas, con jóvenes egresados de las más variadas profesiones y deseosos de trabajar en lo que se han preparado. Yo pregunto si este país no está en condiciones de formar grandes colonias agrarias donde se ubicaría a toda esa gente que vive en la ciudad en situaciones de pobreza y teniendo que atacar a otros de sus conciudadanos como me sucedió a mí que no soy diferente a ellos, salvo quizás que haya tenido un poco más de suerte en la vida o quizás también tuve una mejor formación y algo de lo que se llama fuerza de voluntad para el trabajo honesto y mucha paciencia.
A esa gente podría dárseles decorosas casitas y campos donde tendrían que trabajar y producir en forma individual o cooperativa, más allá de que nunca más conocerían el hambre, adquirirían sanos hábitos de trabajo y en el caso de producir bienes exportables, podrían hasta progresar y mejorar notablemente su nivel de vida. Esto debería realizarse por razones obvias en el interior y en esas colonias se instalarían policlínicas, escuelas, centros deportivos y todo aquello necesario para una vida digna del ser humano.
No me importaría si para realizarlo se necesitara un nuevo impuesto, ya que sería abonado con gusto por todos los que ya indirectamente lo estamos pagando cuando le damos una monedita a cada uno de los miles y miles que te la piden cada 20 metros que caminamos en cualquiera de las ciudades o balnearios del Sur del Uruguay y sin saber exactamente si será destinada al fin para el cual la dimos, y muchas veces afrontando la dureza de decirle NO a un niño, no por falta de solidaridad sino porque ya no nos quedan más moneditas en ningún bolsillo.
Entonces estaríamos en condiciones de decirle a los que delinquen que no lo están haciendo por hambre y procesarlos como corresponde. Exigir en cada calle que no haya niños pidiendo y poder todos transitar por cualquiera de ellas en este país. Quizás esto es algo ilusorio pero todos sabemos que no es irrealizable y también sabemos que esta realidad es ya vieja y nos afecta absolutamente a todos y que algún día habrá que afrontarla con la madurez necesaria como para poner por encima de cualquier interés personal, partidario o de la índole que fuera el de todos los ciudadanos honestos de este país que queremos vivir y trabajar en paz, más allá de que por diferencias de intelecto o de fortuna a unos les pueda ir un poco mejor que a otros."
Los jóvenes violentos (II)
Aldo Banegas | Internet
@|"Creo que el Editorial del sábado sobre violencia tiene elementos que deberían ser profundizados.
En primer lugar, ¿por qué se forman esos monstruos o jóvenes con comportamientos monstruosos? El Editorialista debería en honor de la verdad, decir que esta no es una sociedad que muestre procupacion por los sectores de la sociedad carenciados o marginados. No lo decimos nosotros, lo dice la UNICEF. Creo que si esto no se reconoce publicamente, lo que conseguimos es que otros sectores, influyentes económica y políticamente tengan oportunidad de seguir escondiendo la cabeza como el avestruz, lo que no les cuesta nada, como todos sabemos. Y esto lo subrayo porque entiendo que El País está involucrado en la defensa de los Derechos Humanos y ha demostrado interesarse por el avance en soluciones. Entonces, no hay que cometer simplismos, ya sabemos lo que trae aparejado.
En todas las sociedades existen personas con tendencias antisociales y esto no siempre se soluciona con políticas sociales, pero hay un margen de individuos que si hubieran recibido un mejor tratamiento en su infancia y adolescencia, hubieran quizás evadido el delito, y es con ese margen que hay que trabajar. A los menores carenciados hay que brindarles reales oportunidades trabajando en primer lugar para salvar el núcleo familiar si todavía lo tiene, un menor abandonado por la madre reacciona en forma imprevisible, como todos sabemos. Y luego no abandonarlo hasta que puede ingresar en el mercado de trabajo, diversificando la oferta de oportunidades.
El menor no marginado vive en un presente absoluto sin idea de futuro y hay que saberlo. La Pedagogía tradicional no funciona con menores de riesgo. Hay que ofrecer formación en actividades que de por sí representen un estimulo y un interés, además de darles una chance de ganarse la vida en forma honrada. En otros países hay ONG que les dan formación en Navegación, Paracaidismo, cuidado de animales y adiestramiento como Jockeys profesionales, actividades circenses, etc.
El menor carenciado es depresivo, negativo y hay que trabajar con eso. Hay que hacer Editoriales que indiquen caminos a seguir."
Los jóvenes violentos (III)
Alejandro Preti | Internet
@|"Todavía no puedo asimilar como una bestia de 16 años, con 90 entradas!!, seguía caminando por la calle.
Los legisladores,... ¿no se dan cuenta que la mayoría de los delitos más graves son cometidos por menores, que se sienten impunes gracias a ustedes? ¿Realmente duermen con la conciencia tranquila? El gatillo lo aprietan los menores, pero por cierto, ustedes le ayudan a sostener el arma.
Lo que más me enerva, es que pago impuestos para darle techo y comida a este infrahumano que proclama "viva la delincuencia, vivan los menores ladrones". Hace mucho este asesino debería estar encerrado de por vida, picando piedra y agradeciendo que no hay pena de muerte.
Lo segundo que más me enerva es pagar impuestos para mantener Legisladores que hacen oídos sordos a la ciudadanía que los votó. Todas las encuestas, todo el mundo pide a gritos que los mayores de 16 años, o menos sean punibles. ¿Alguien lo duda?"
Paros del transporte
José A. López | Montevideo
@|"Ayer fue un conductor-guarda de un transporte público; hoy le toca a un taxista ser víctima de insanos rapiñeros que buscan dinero donde saben que hay; unos pocos pesos les alcanzan para cubrir sus vicios (alcohol, tabaco o droga). No es para comer que roban, ténganlo por seguro, pues son vulgares delincuentes insanos, incultos y malvivientes de nacimiento.
Lo que está resultando por demás insoportable, es la decisión unilateral de la UNOTT para hacer parar TODO EL TRANSPORTE (ómnibus y taxis) por toda la jornada, cada vez que sucede un hecho de esta naturaleza. Y me parece ilógico este planteamiento: la gente que está trabajando o efectuando trámites, se encuentra de buenas a primeras sin el esencial servicio que lo lleva de vuelta a su hogar.
¿Por qué no se hacen paros solidarios de dos horas, por ejemplo, sin interrumpir los servicios? ¿Creen los señores dirigentes de UNOTT que logran algo con estos absurdos paros de TODA UNA JORNADA? ¿No se dan cuenta que lo único que generan es la rabia y el desprecio de la gente?
La solidaridad, bien empleada, también es bien vista. Pero cuando se abusa, cuando se torna intolerante, hasta el más manso se rebela..."
El ejemplo del Teatro Solís
C.I. 1:381.478-0 | Montevideo
@| "El periplo por el que ha transitado la manida refacción del Teatro Solís parece estar lejos de terminar. En la edición del viernes 23 de El País así lo deja en evidencia el Dr. Antonio Mercader en su columna de opinión, y así lo hizo notar días antes desde la Junta Departamental de Montevideo el edil César García Acosta.
Precisamente este edil —utilizando su voz de legislador en la caja de resonancia que es el deliberativo departamental— nos ha advertido a todos los uruguayos de que bien podemos estar en la antesala de un desbarajuste fenomenal, ya anunciado por el propio presidente Jorge Batlle en su primer Consejo de Ministros de 2004, cuando resolvió pedir austeridad en el gasto público durante el período preelectoral.
Si no hubieran mecanismos posibles de utilizar, ni el presidente ni el edil estarían advirtiendo con insistencia y sin resistencias, que esto puede ser posible. Ellos despertaron en mí varios razonamientos: primero, me ha quedado claro el doble discurso del Frente Amplio (porque criticaron durante años los contratos de obra en el Gobierno Nacional pero en la IMM acomodan como empleaditos con salarios de 30 mil pesos mensuales, más beneficios, además de a sus comisarios políticos en los CCZ, a sus amigos o a los amigos de sus amigos); segundo, que la Constitución prohíbe contratar en los doce meses anteriores a una elección ordinaria, o aumentar sueldos o jubilaciones, para evitar caer en los bajos instintos electorales de abrir la canilla de la plata que al Estado llega vía impuestos; y tercero, se me permite creer que todavía existen órganos de contralor en este país (como la Junta Departamental), porque al menos este edil nos demostró que puede vigilarse a la IMM antes de que ésta cometa sus dislates, al tiempo que no sucedió lo mismo con los opositores del Frente Amplio en el Parlamento, cuando los Rhom y los Peirano se robaron los bancos que administraban, o cuando se hacían malos negocios con Ancap en Argentina.
El que avisa no traiciona, y eso
es buena cosa."
Ley seca
J.A.O.P. | Montevideo
@|"Desde hace un tiempo existe la norma de no vender alcohol después de cierto horario. Esta fue motivada porque los jóvenes ingerían bebidas en la rambla y otros lugares públicos. Se dice que lo hacen para alegrarse o tener un momento de reunión.
Es verdad que algunos jóvenes abusan, y posteriormente arman escándalo, pequeños cantos, gritos, o charlan demasiado fuerte y pueden molestar a algún vecino que al día siguiente se tenga que levantar temprano para trabajar. Todo lo anterior puede ser justo e injusto al mismo tiempo.
Ahora bien, yo con mis casi 30 años no tengo la libertad de ir a comprar una cerveza en una medianoche de calor para tomarla en mi propia casa, a no ser que la haya comprado temprano, esto adivinando que va hacer el suficiente calor esa noche.
Sr. Ministro, después de media noche desde mi balcón vi un patrullero detener a dos jóvenes que iban con una botella cerrada de cerveza. Luego de pedirles la documentación personal y cacharlos, un Policía arrojó con fuerza la botella contra el piso, rompiendo la misma. Lo más curioso e injusto es que a menos de 15 metros del hecho se encuentran dos personas "sin domicilio fijo" o "cuidacoches", o como se prefiera llamarlos, tirados en la vereda, borrachos y con un envase plástico conteniendo vino. Peor fue ver cómo uno de estos sujetos alcoholizados le pidió al policía una moneda, al que él respondió "andá, echate por allá si no querés dormir en el calabozo".
Pienso Sr. Ministro que no tiene razón que yo para tener mis derechos ciudadanos tenga que transformarme en un "bichicome" o "persona sin domicilio". ¿Cree Ud. que esto es correcto? ¿Qué piensa hacer al respecto con estas personas, que con total desfachatez están permanentemente localizados en ciertas calzadas, orinando contra los árboles, tirados en las puertas ebrios y agrediendo verbalmente a las mujeres que pasan, dejando pestilencia y mal olor, y para colmo muchos se localizan a menos de dos cuadras de una Comisaría o en plazas públicas o peor aun en la misma cuadra de una escuela. Ir o llamar a la comisaría correspondiente para que se haga cargo de esto, es lo mismo que la nada, la respuesta típica de los funcionarios es "lamentablemente no podemos hacer mucho, si los detenemos al pasar a un Juez lo suelta de inmediato, le sugiero que trate de hablarles para que se vayan, y sino tírele agua para que se vaya". Solo toman medidas cuando el disturbio es grande, si se pelean entre ellos, y cuando proceden solo obligan que se vayan por lados separados, para que media hora después estén todos en el mismo lugar.
Pero yo no puedo ir a beber a la rambla con amigos, o comprar para beber en casa.
¿Qué es mejor, pedir plata siendo un andrajoso para estar ebrio y tirado en la calle o trabajar y de vez en cuando tomar algo entre amigos o solo en casa?