Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|En los últimos años (2012-2025), miles de venezolanos y cubanos han migrado a Uruguay huyendo de la crisis en sus países; son alrededor de 16.000 venezolanos y 12.000 cubanos residentes, según datos oficiales del INE hasta 2025.
Estos trabajadores y familias eligen Uruguay por su democracia, seguridad, salud y educación pública, y oportunidades en una economía de mercado. No hay emigración hacia Venezuela ni Cuba buscando el “paraíso socialista” que algunos idealizan; votan con los pies que los traen a Uruguay por la dignidad y libertad que sus regímenes les niegan.
Mientras tanto, sectores del Frente Amplio y el PIT-CNT siguen defendiendo estos modelos autoritarios. En enero de 2026 marcharon juntos en Plaza Libertad contra el “imperialismo” de EE.UU. en Venezuela, quemando banderas estadounidenses y gritando “¡Fuera yankees!”, mientras silencian las torturas, presos políticos y miseria que expulsan a sus ciudadanos.
La hipocresía es evidente, quienes apoyan las dictaduras (los sindicalistas y comunistas) no emigran a esos “modelos avanzados” que el PIT-CNT ensalza como panacea.
Los que huyen llegan a Uruguay buscando salarios justos y libertad sindical real, no represión. El PIT-CNT, que aplaude dictaduras que encarcelan sindicalistas, recibe subsidios estatales (¡un millón de pesos anuales en 2026!) mientras ignora la realidad.
Hay que denunciar con fuerza a quienes en Uruguay defienden dictaduras, en ellos se esconden pequeños dictadores en potencia que sueñan con dominar a los ciudadanos bajo el disfraz de “progreso social”.
Su discurso idealiza sistemas que generan éxodos masivos, mientras Uruguay les da refugio a las víctimas.
Los números y los pies de miles que huyen son la prueba más dura contra cualquier autoritarismo disfrazado de progresismo. Uruguay debe seguir siendo faro de libertades, no eco de tiranías.