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Lo que estamos perdiendo

Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|El fenómeno no es exclusivamente nuestro ni comprende a todos, pero es uno que se extiende a nivel mundial y nos puede contagiar como una epidemia:

Cuando los políticos se dedican cada vez más a procurar el bien propio y no el bien común. Cuando los empresarios y contratistas se mueven con sobornos y pseudo licitaciones que luego debe pagar toda la ciudadanía. Cuando la justicia se politiza y la política se judicializa sin sólidos fundamentos. Si la sobreprotección e inseguridad de padres y educadores siembra semillas de fragilidad e inseguridad en hijos y educandos. Si el afán de ser tapa de revista y brillar de cualquier manera supera toda otra ambición. Cuando la verdad y el bien se dejan de lado con tal de buscar el sensacionalismo y la emotividad pasajera pero eficaz y lucrativa. Si en el deporte se juega sin actitud positiva y sin disciplina, y solamente importa la protesta permanente ante cualquier fallo arbitral. Si el color o diseño de la ropa y el calzado deportivo, o la apariencia (look) de los jugadores o personajes va en desmedro de las instituciones que están representando. Cuando los símbolos patrios como el himno, la bandera o el escudo de un país son mirados con indiferencia, si no con burla. Si nos acostumbramos ante la basura no solamente de la calle sino también del chisme y la difamación sin fundamentos. Cuando lloramos por cosas que son triviales y reímos a carcajadas por las cosas que valen e importan, como la honestidad, el honor y la honra. Cuando se tiene pánico a los compromisos y al esfuerzo y se fomenta en cambio la frágil y blanda inestabilidad. Si las redes sociales en vez de unir y promover la cooperación se convierten en conventillos electrónicos donde se acosa y se acusa con ligereza, ignorancia y/o mala intención. Cuando la tensión y la inseguridad va transformando el tránsito callejero en una selva donde debe primar el insulto, la rabia, el mal humor y la victoria del más avivado o del más fuerte. Si la corrupción y el delito pasan a ser vistos como algo para admirar. Cuando la indisciplina y la violación de cualquier norma o regla es vista como algo admirable y digno de imitar.

Cuando suceden todos o algunos de estos fenómenos, no estamos perdiendo solamente salud cívica y salud mental.

Estamos perdiendo algo mucho más simple y elemental: perdemos el respeto y la vergüenza. Por nosotros mismos y por los demás. Perdemos la vergüenza de sentirnos mal, incómodos o turbados por nuestras acciones u omisiones. Y esa pérdida, a la corta o a la larga se paga muy cara. La vamos a añorar.

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