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La movilidad por la ciudad

Esteban Szabados | Brasil
@|Lo he visto varias veces intentando doblar a la derecha por la avenida, pero sin éxito. El ómnibus del que escribo mide quince metros de largo por dos con sesenta metros de ancho. En su recorrido por la región norte de la ciudad de San Pablo, algunas calles y avenidas quedaron estrechas para el actual tamaño, que ya fue agrandado, de los vehículos de transporte público urbano.

Este es el medio de transporte más usado por los 12 millones de habitantes de esta gigantesca ciudad. Lo toma un tercio de los pasajeros, que dispone de 12.814 autobuses en total, que ruedan por 570 km de carriles exclusivos y 131 km de corredores. Por si fuera poco, en esta urbe circulan siete millones de vehículos.

Otro dato curioso es que el 15 % de los gastos de los brasileños se aplica para el transporte, casi el doble de lo que se gasta en entretenimiento.

La movilidad por la ciudad es una cuestión primordial que repercute en varias áreas. Solo por nombrar algunas, por ejemplo, pienso en la calidad de vida. Si uno necesita en promedio casi ocho horas por semana solo para ir al trabajo (fuente IBGE), eso significa que uno pierde 32 horas por mes, es decir, un día y ocho horas desperdiciadas. Tiempo que podría aprovecharse para esparcimiento y salud.

Otra cuestión es que el promedio de velocidad es de 22 km/h, por lo tanto, a esa velocidad se produce más contaminación del aire, lo que afecta la salud física y mental de los conductores y peatones. El ómnibus que describo dobla hacia la derecha por la estrecha avenida, frena, va marcha atrás y va nuevamente hacia adelante para poder doblar. Es puro malabarismo, porque la ciudad quedó chica para tanta gente y tan grandes vehículos.

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