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La libertad y el hambre

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|“Quién tiene hambre no es libre”, solemos oír. Esta sentencia forma parte de una estratagema de penetración cultural que, valiéndose de la manipulación del lenguaje, procura desacreditar las libertades que cobraron vigor en nuestras sociedades a partir de las revoluciones liberales de hace dos siglos.

La libertad es una categoría jurídico política. Hayek en “Los fundamentos de la libertad” la define como “el estado en virtud del cual un hombre no se halla sujeto a coacción derivada de la voluntad arbitraria de otro u otros”.

La trampa gramsciana nos induce a confundir las libertades individuales con las potencialidades y las posibilidades de elección de los individuos. Hayek, pone el ejemplo de un montañista que una vez logrado su objetivo, sólo ve como posible un camino de descenso extremadamente peligroso. Por más que esté impedido de elegir, nunca se podría afirmar que no es un individuo libre. Cuantos tenistas aficionados habemos, podríamos decir que no somos libres de ganarle a Novak Djokovic ni un game, pero eso no nos hace menos libres sino menos dotados de determinadas potencialidades.

El hambre es una condición del padecer humano de tipo social y económico. No es una categoría jurídica ni política. Y así como las revoluciones liberales alumbraron la libertad, las revoluciones agrícola e industrial hicieron otro tanto con la prosperidad.

A partir de estos procesos se multiplicaron para los seres humanos las posibilidades de ser más libres y menos menesterosos.

El hambre y la pobreza se combaten con prosperidad y desarrollo económico y no enfrentándolas a la libertad como si ésta tuviera algo de responsabilidad sobre aquellas o como si en cierta forma las provocara.

De hecho, la situación que se nos presenta en el concierto de las naciones es exactamente la inversa al existir una altísima correlación entre libertad y prosperidad, bienestar social, desarrollo humano y económico.

Siguiendo a Vaz Ferreira se trata de una falsa oposición; de una falacia que ha sido usada por el comunismo para imponer una hegemonía antiliberal y es tanto más dolorosa cuando proviene de la pluma de correligionarios.

En tiempos en que la estrategia comunista era insurreccional, se solía decir que “el hambre es también violencia” y con ello se justificó robar, secuestrar, poner bombas, matar lo que tampoco solucionó el hambre.

Veamos lo que sucede en nuestro país: “Los determinantes de la seguridad alimentaria y nutricional en Uruguay (tienen relación con) la pobreza e indigencia que se concentran en áreas urbanas marginales, pequeñas localidades y áreas dispersas” (INDA). Son hogares que han perdido contacto con la actividad económica.

El objetivo de erradicar el hambre con el que se ha comprometido el INDA, parte en lo inmediato de una inevitable asistencia nutricional, pero una solución más definitiva pasa por la reinserción de esos hogares en la actividad económica, la que es impulsada y no frenada por la libertad de los agentes económicos. “La disponibilidad de alimentos no constituye un problema de inseguridad alimentaria…” (INDA). “Uruguay tiene la dieta más saludable y barata de la región con un valor de U$ 3.41 ($ 135) por persona por día. Además tiene la mayor posibilidad de acceso a la misma” (FAO).

Cuando esta manida frase se escucha en boca de un comunista, se trata de la misma letanía con que se viene insistiendo desde los años 60 para descaecer las “libertades burguesas” y conducir al mayor número hacia la conciencia de la “democracia económica”, la que comenzaría a regir con el proceso de socialización de la economía.

Ya sabemos que el intento fracasó. Cuando la frase se ubica en la boca de un correligionario, lo que subyace, es la intención de acercarse a un sector del electorado adverso al liberalismo económico por estar cautivo de antivalores que se han hecho hegemónicos.

Por intentar ganar pequeñas escaramuzas electorales, se va perdiendo la guerra psico política, al sumergirse progresivamente hasta aceptarla e incluso difundirla en una hegemonía cultural que es enemiga de la libertad.

En el mediano plazo hasta las propias escaramuzas electorales se van dando en un contexto en donde las victorias progresivamente se van haciendo más esquivas.

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