Alejandro A. Tagliavini | EE.UU.
@|¿Cuál es la más básica, más fuerte, violación de la libertad?
La naturaleza, tiene claramente un ordenamiento: la tierra da vueltas regularmente alrededor del sol que le brinda una energía imprescindible para la vida, y así todo en el universo se desarrolla espontáneamente -intrínsecamente- para el crecimiento de la vida.
En un video de Natureisspeaking.com, con la voz de Julia Roberts, “la Madre Naturaleza” asegura que “ya tengo más de 4500 millones de años, estoy preparada para evolucionar, no necesito a los humanos, sino que ellos me necesitan a mí, no importa lo que el hombre haga, si me sigue evoluciona conmigo sino se destruye”. Esto ya lo sabían los griegos, como Aristóteles que definió a la violencia como la fuerza extrínseca que pretende desviar el desarrollo intrínseco -espontaneo- natural de la vida.
La violencia equivale a quitar libertad, al desviar el desarrollo intrínseco -contra su voluntad- de un ser. Entonces, como bien dijo la “Madre Naturaleza”, si el hombre la sigue, evoluciona con ella, sino se destruye. De aquí la ineficiencia estatal, desde que el Estado se arroga el monopolio de la violencia con la que impone “leyes” que van contra lo natural y, precisamente por ello, necesitan imponerse por la fuerza.
Corolario: el principal enemigo de la libertad es la violencia, y su expresión más cruda, la guerra. En 1870, uno de los más grandes pensadores de América, padre de la Constitución argentina, Juan Bautista Alberdi, y en mi opinión el mejor prócer argentino sino el único, escribió, en su obra más importante, “El Crimen de la Guerra”, que “el derecho de la guerra es... el del homicidio, del robo... de la devastación... esto es la guerra... el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego”.
Decir que usarán la violencia para defender la libertad es una definitiva demostración de primitivismo en el sentido de actitud irracional surgida de impulsos primarios y, por tanto, incoherente. Y su resultado, consecuentemente, es el opuesto a lo que se pretende.
Tomemos como ejemplo la “cruzada” más promocionada, la Segunda Guerra Mundial (SGM). El conservador actor Charlton Heston, afirmó: “recuerdo estar volviendo desde ultramar en una mañana soleada de victoria al final de la SGM... pensábamos que la libertad rápidamente se esparciría por el mundo, que quedaría libre de guerra y tiranía. Estábamos equivocados. Fue la tiranía (soviética) la que prosperó”.
Sin dudas, se terminó la locura nazi, pero se reforzó otra peor, la stalinista que propagó el comunismo, el terrorismo y la guerrilla por todo el globo, instaló a los Castro en Cuba, que, a su vez, sostienen al chavismo. Tiranía que luego cayó, lógicamente, pacíficamente por aquello que decía la Madre Naturaleza: “si el hombre no me sigue, se destruye” solo, se cae por su propio peso.
Otro argumento, contrario a la lógica, ergo, contrario a la ciencia, es que el mal existe, que tiene existencia propia. Atrasando más de mil años en el pensamiento humano dado que ya San Agustín de Hipona sabía que el mal no tiene existencia propia, sino que es solo ausencia de bien. Decía que de existir el mal debería haber sido creado por Dios -Señor de toda la creación- y esto es un absurdo, ya que Dios -la infinita bondad- no puede crear el mal.
El mal es ausencia de bien dice la ciencia, como la oscuridad es ausencia de ondas luminosas y se revierte enviando ondas luminosas. El mal, dice la ciencia, no tiene existencia propia desde que el bien es el desarrollo natural del cosmos, de la vida y no es pensable que la naturaleza se desarrolle en contra de sí misma, sencillamente no tiene sentido.
Y claro, la “ventaja” de decir que el mal existe es que pueden argumentar que deben castigar a los malos. Y quiénes son los malos, pues aquellos que a ellos les conviene que lo sean para defender sus intereses egocéntricos, violentos.