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La indiferencia del mundo

Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Si digo “el mundo fue y será una porquería...”, no es nada novedoso porque ya lo dijo Discépolo cuando creó el tango “Cambalache”.

Y lo traigo a colación cuando observo y leo que los periodistas especializados en temas policiales se preocupan y los partidos opositores a los gobiernos de turno se rasgan las vestiduras protestando por la inseguridad ciudadana agitando miedos porque en Uruguay hubo, en el 2022, la friolera de 383 homicidios (que es mucho y no debería suceder) o en nuestro vecino del Plata, hubo ese año, 1959 personas muertas por violencia ciudadana (mucho menos que nosotros). Pero como están en período de elecciones manejan las cifras como catastróficas, cuando la verdad asfixiante es como dijo Cadícamo y Gardel inmortalizó: “al mundo le falta un tornillo”.

Es que si no fuese así no estaríamos presenciando la vigencia de la sabiduría de boliche de Discépolo al decir: “la indiferencia del mundo… que es sordo y es mudo”, ante la locura de un maníaco como Vladimir Putin, intentando anexar a Ucrania, mientras el resto del mundo occidental apoya con todo tipo de armas a un Zelenski indoblegable, pero tan loco como el líder ruso. Ni veríamos a un Papa Francisco dubitando, a mi entender, en acusar a Putin con todo el poder de la Iglesia, con el mismo fervor que usó para defender a Milagros Sala abrazar el populismo corrupto de C. F. de K, o la ideología irreverente del piquetero Juan Grabois.

Y mientras el tiempo transcurre, se conoce que la cifra de jóvenes rusos muertos supera los 300.000 y los ucranianos los 150.000; incomprensiblemente la Humanidad contempla sin actuar, pero alimentando al monstruo bélico. Por otro lado, en nuestro país se le da más importancia a los ñoquis blancos que acomodó Orsi en su comuna o a conocer qué cifra pone en su declaración la mujer de Sartori, que a esta hecatombe magnicida de medio millón de seres; jóvenes que caen en los campos sin saber qué sentido tiene tal desquiciada guerra y por qué ellos están allí.

Entonces confirmaremos la sabiduría de Discépolo, cuando hace casi 100 años, en 1929, en la letra de “Yira Yira”, decía: “Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa…(y) yira, yira” y confirmarás, con dolor, “que el mundo fue y será una porquería”.

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