Email: ecos@elpais.com.uy Teléfono: 2908 0911 Correo: Zelmar Michelini 1287, CP.11100.

La importancia de estas elecciones

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|El FMI incluye en lo que llama “economías avanzadas” a 36 naciones y 3 territorios. Estas 39 economías son 27 países de Europa occidental, 3 de América (USA, Canadá y Puerto Rico), 2 de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) y 7 asiáticos. Son economías con un alto PIB per cápita, pero ese no es el único factor que las hace pertenecer a este selecto grupo de naciones. Existen países que son casi exclusivamente productores de petróleo o paraísos fiscales que exhiben un alto PIB, pero que no llegan a constituir “economías avanzadas”. Es así como Catar, Bermudas, Emiratos Árabes, Islas Caimán, Baréin y Arabia Saudita no integran este círculo de privilegio.

Estas 39 entidades son economías de mercado (capitalismo de iniciativa y propiedad privadas) y con excepción de algunos territorios de Asia, son también democracias (aunque no siempre plenas). Otros factores tales como calidad y esperanza de vida, desarrollo humano y vigencia de las libertades hacen al concepto de “desarrollo” desde un punto de vista integral.

El PNUD elabora un indicador que coloca al Uruguay dentro de las naciones de muy alto “Desarrollo Humano” (IDH) con un 83% para el año 2022. La esperanza de vida en Uruguay (78.2 años) supera a la de los EE.UU. Por otra parte, sabido es que integramos el muy reducido grupo de democracias plenas. Uruguay cuenta con un sinnúmero de mecanismos de inclusión social, transferencias hacia los sectores más carenciados y alta movilidad social ascendente, por lo que los beneficios del crecimiento económico se trasmiten rápidamente a todo el cuerpo social.

Por eso en Uruguay como en ninguna otra parte, “crecimiento” (es decir aumento del PIB) equivale a desarrollo económico. En 2022 nuestro PIB per cápita nominal se situó en U$ 20.795, lo que nos pone a la par del país (Grecia) que está en el último peldaño de las “economías avanzadas”. Pero hay otra forma de medir el PIB, que adecúa su monto nominal a la “paridad de poder adquisitivo”. Este guarismo nos proporciona información acerca de lo que se puede comprar en bienes y servicios con el PIB nominal en términos de precios internacionales. La relativa mayor o menor carestía con respecto al resto del mundo determinará si el PIB por “paridad de poder adquisitivo” es mayor o menor a su valor nominal. Y es acá en donde Uruguay pierde contacto con el pelotón de escapados. Mientras que Grecia exhibe un PIB per cápita por paridad de poder adquisitivo de U$ 36.384, Uruguay alcanza sólo a U$ 28.842, es decir un 21% por debajo de la economía que ocupa el último lugar dentro de las 39 más avanzadas.

Para ingresar definitivamente a ese grupo necesitamos crecer a tasas altas (4% o 5%); es decir mayores que las que año a año alcanza el mundo desarrollado. Citando a nuestro profesor recientemente desaparecido, Cr. Ricardo Pascale: “Uruguay siempre ha tenido una pésima relación con el futuro y el corto plazo es el que domina”. Ello es así en virtud de décadas de proteccionismo redundante, hiper desarrollo del sector público y en general del predominio de políticas distributivas y de aumento incesante del gasto, que reparten la riqueza antes de crearla, recurriendo para financiarla a la inflación o al endeudamiento. Estos círculos viciosos reconocen tres quiebres: el primero durante el Ministerio de Végh Villegas, el segundo en el período de Lacalle Herrera y el tercero en el actual gobierno de la CR.

La opción de un gobierno frenteamplista para el período 2025-2030, es una incógnita que se develará entre dos alternativas: una mala y otra desastrosa. Si en el Frente Amplio priman las definiciones estatutarias y las emanadas de los documentos de los últimos congresos de las dos fuerzas ampliamente mayoritarias (comunistas y tupamaros, habida cuenta de un astorismo en retirada), tendremos un gobierno socializante que conducirá al país hacia un desastre de características análogas al modelo de la Venezuela de Chávez o de la Argentina kirchnerista. Si llegara a primar una conducción más pragmática, ante la orfandad de propuestas de la actual izquierda, se reincidirá en los viejos vicios señalados. Cualquiera sea el caso, presenciaremos un nuevo corte de las políticas que nos conducen genuinamente al desarrollo económico y que la actual administración ha puesto en marcha a pesar de las enormes dificultades exógenas que tuvo que soportar Uruguay en este período.

Debemos impedir que eso suceda.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar