Lautaro Velázquez | Montevideo
@|Si me preguntaran cuál es la medida más racional que puede tomar alguien que desea ver a América Latina en lo alto, o al menos verla convertida en una región seria, sin duda respondería que apoyen a Javier Milei. No importa si vive en Perú, Uruguay, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Argentina, etcétera. Toda la región depende del éxito que pueda alcanzar el mandatario argentino en su lucha contra el status quo actual.
Estamos viviendo un momento histórico; nunca antes el destino de América Latina estuvo tan concentrado en una sola persona. Los beneficios que se lograrían si el libertarismo triunfara en Argentina y se replicara en toda la región, son innumerables.
A nivel económico, la receta austríaca es clara: el Estado no debe intervenir en la economía. De este modo, América Latina se convertiría en una zona donde se ofrecen productos de calidad al mejor precio, reemplazando los servicios deficitarios que actualmente ofrece el Estado. Esto, en última instancia, se traduciría en una región más competitiva, lista para jugar en las grandes ligas, como lo hacía a finales del siglo XIX.
Otro de los grandes problemas de nuestros países es la elevada inseguridad que reina en ellos. Los principios libertarios, como el respeto irrestricto a la propiedad privada y la defensa de la vida, son sagrados. En este sentido, en este nuevo modelo de Estado se corregirían las leyes anteriores que beneficiaban más al delincuente que a la víctima. No podemos ser indulgentes con quienes socavan continuamente nuestra libertad de salir a la calle y regresar con vida. Sin excepciones, quien las hace las paga. Además, el libertarismo no es solo economía y números; también es cultura. La batalla más importante de todas es la cultural.
Apoyar a Javier Milei es apoyar los valores de Occidente y de la libertad.
Hoy en día, el mundo está dividido en dos grandes bloques, entre la influencia de Estados Unidos y la de China. A diferencia de la Guerra Fría y el conflicto con la URSS, esta nueva disputa es entre dos tipos de capitalismo. La verdadera cuestión entonces radica en qué valores queremos que prevalezcan para nuestras familias y comunidades.
En este sentido, nadie defiende más firmemente los valores de Occidente que Javier Milei, como lo ha demostrado con su inquebrantable apoyo a Estados Unidos, Ucrania e Israel.
A pesar de todos estos beneficios, sé que el éxito no será fácil.
América Latina está acostumbrada a la llegada del Mesías que propone soluciones mágicas para todos sus problemas. Nos hemos habituado a escuchar que los culpables de nuestros problemas son externos, mientras permitimos que políticos corruptos saqueen las arcas del Estado. Las políticas populistas de congelación de precios y aumento de salarios son moneda corriente aquí.
Lamentablemente, esto no cambiará solo con el éxito económico del liberalismo. Existe una tradición en nuestra identidad que nos dice que no somos suficientes y que siempre necesitaremos de algún político que nos salve.
Si queremos que este tipo de políticas triunfen, debemos apostar firmemente por construir una nueva identidad latinoamericana o hispanoamericana.
La identidad se ha convertido en un problema colectivo, utilizada por fracciones de izquierda para dictar qué políticas son justas y cuáles no. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Estas son algunas de las preguntas a las que el libertarismo debe dar respuesta si quiere triunfar definitivamente en la región.