Email: ecos@elpais.com.uy Teléfono: 2908 0911 Correo: Zelmar Michelini 1287, CP.11100.

La identidad política y las estrategias electorales

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|La evolución de la intención de voto entre fines de junio y julio según la consultora Equipos fue la siguiente:

Junio - 24 - Julio - 24

Partido Nacional - 26% - 22%

Partido Colorado - 9% - 11%

Cabildo Abierto - 3% - 3%

Partido Independiente- 1% - 1%.

Total Coalición Republicana - 39% - 37%

Total Frente Amplio 44% - 43%.

El Partido Nacional perdió 4 puntos y sería lógico pensar que 2 de ellos los ganó el Partido Colorado y la otra mitad migró hacia afuera de la CR. El Partido Nacional bajó (demasiado para haber transcurrido sólo un mes) y la CR también.

Hace algunas semanas argumentábamos por este mismo medio acerca de la importancia que en política tiene conservar la identidad. No hacerlo puede generar un espejismo de beneficio en el corto plazo y la certeza de un perjuicio en el mediano. En este caso se verificó el perjuicio sin que hubiera transcurrido plazo alguno.

Conservar la identidad es aún más importante cuando advertimos que en Uruguay (y en buena medida en todo nuestro subcontinente) se verifica una brecha ideológica que nos divide en dos mitades.

Resulta necesario entender que la profundidad conceptual de los paradigmas enfrentados constituye una verdadera cruz de caminos civilizatorios. Blancos y Colorados se pelearon en las cuchillas, cada cual con su ideario valioso, fundacional, nacido en los albores de la Patria. Pero compartieron desde siempre el republicanismo, el amor por la libertad de los individuos, la propiedad, el Estado de derecho y la democracia política.

Es cierto que midieron sus diferencias a lanza, trabuco y facón. Pero la violencia política de las guerras civiles fue un lugar común durante el siglo XIX. Apenas iniciado el XX se pusieron de acuerdo en la convivencia pacífica emanada de las urnas.

En el Uruguay de nuestros días, la depositaria de estos valores identitarios fundacionales es la Coalición Republicana. Por eso los Blancos y los Colorados de hoy debemos ser desesperadamente coalicionistas.

En el éxito o el fracaso electoral de la CR no están en juego las alternativas de las praxis políticas que transitan por esa delgada línea de lo opinable, de lo aceptable. Está en juego una concepción del Estado y de la sociedad. Está en juego la propia vigencia en Uruguay de la civilización occidental de base liberal y tradición judeo cristiana y que, tal como la conocemos, viene siendo atacada desde hace décadas.

El tránsito de la estrategia armada a la cultural no nos puede hacer perder de vista este extremo.

Otros dos errores se cometen.

El primero es creer que el mundo de las ideas es patrimonio de una elite que no llega a las masas. Las formas de pensar, los valores propios de las distintas filosofías, por cierto, que no llegan con todo su grado de complejidad a las masas, pero permea en ellas el concepto que tienen de lo correcto y de lo conveniente.

El segundo error tiene su origen en la cotidiana convivencia con el adversario, que puede inducir al operador político a pensar que somos más o menos lo mismo. El argumento es sostenido a veces hasta por avezados economistas. Extremos como haberle tirado desde la oposición a “todo lo que se mueve” (dicho de Lacalle Pou), el plebiscito de la antipatria contra la Seguridad Social, el desquicio económico kirchnerista y chavista que aplauden con devoción y la defensa de los gorilas venezolanos, deberían ser argumentos más que suficientes para advertir que no exagero.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar