Carlos Asecas | Montevideo
@|Circular por las calles de Montevideo, de por sí ya era complicado y con la aparición de los deliveries, fue la frutilla de la torta. Actividad que surgió por la comodidad de las personas que solicitan todo tipo de productos, pero que no se tiene seguridad en qué estado llegan, ni cuándo. Se estima que circulan por la ciudad alrededor de 15.000 motorizados haciendo repartos de todo tipo. A eso debemos agregarle los miles que circulan de uso particular.
Manejar con estos inconscientes que hacen lo que quieren y nadie controla, es una verdadera pesadilla. Circulan a contramano; cruzan con luz roja; adelantan por la derecha; circulan por encima de la vereda; practican wheelie cuando terminan el reparto; sin luces ni señaleros; sin frenos ni matrículas; excediendo los límites de velocidad; usando el celular.
Personalmente me chocó uno, que sin mirar bajó de la vereda a la calzada y la moto era robada. Son un problema no sólo por su seguridad, sino por los accidentes que suelen provocar. No son todos los que están en esta situación, pero hay un porcentaje grande que sí.
La IMM se preocupa en controlar a quienes tenemos un auto, pero los deliveries parece que tienen carta blanca.
Recordemos que recientemente un repartidor haciendo wheelie en el barrio Sayago, atropelló a una señora de 70 años y no sólo la mató, sino que huyó del lugar sin prestarle asistencia.
Como consecuencia del asesinato de un delivery a raíz de un conflicto en el tráfico, el Inspector Nacional de Trabajo, Luis Puig, salió a realizar declaraciones típicas de su ideología de izquierda radical, e intentó justificar el pésimo desempeño de los deliveries en la calle, a causa de un trabajo precario y falta de condiciones laborales. Según su comentario, dio a entender que se comprende el accionar en la vía pública, a los efectos de conseguir un mejor jornal.
Con ese criterio todos aquellos que la utilizan para trabajar, no es necesario que respeten las normas, pues se esfuerzan para mejorar sus ingresos.
Antes de estar diciendo incoherencias debería pedirle a sus compañeros de la IMM que controlen la circulación en la ciudad, pues ahora que hay radares por distintos barrios, los inspectores están ablandando las sillas en la oficina. Cada tanto salen a controlar para aparecer en los noticieros, pero es algo que deberían hacer todos los días en forma aleatoria. Eso sí, los veo en lugares céntricos, no en la periferia donde se sabe que circulan motos robadas para cometer delitos. Esquivan el bulto.
En forma reiterada escuchamos quejas de vecinos en distintos barrios, donde desequilibrados en dos ruedas están durante toda la noche corriendo picadas y haciendo sonar los escapes libres de sus motos. Haciendo un control en las redes sociales se puede saber perfectamente en qué lugar de la ciudad tienen planificado hacerlo. Una vez ubicado el lugar, con un dron la IMM puede hacer un reconocimiento a modo de poder bloquear las calles de alrededores y así multar y confiscar las motos que estén en infracción; para que se abone la multa, la moto deberá ser retenida hasta su pago.
Todas estas cosas suceden porque el Estado es demasiado permisivo y las únicas perjudicadas son las personas de bien que están a merced de estos atorrantes que sería bueno saber de qué viven, si están toda la noche generando problemas.
Evidentemente, parecería que a la mayoría al subirse a una moto se le anulan las neuronas que les permiten razonar, ya que no se dan cuenta que con las imprudencias que cometen, su vida y la de los demás están en serio riesgo. Las cifras lo muestran: en el 50% de los accidentes están involucradas motos.
Si el Estado no sabe resolver el problema, los ciudadanos tendremos que encontrar una solución aunque ésta no sea del agrado de muchos.
¡Es lo que hay valor!