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¡Gracias, Intendencia!

Alfonso Delgado | Montevideo
@|¡Las madres pueden esperar!

Permítame felicitar a la Intendencia de Montevideo. Con la precisión quirúrgica de quien no tiene que pagar un alquiler ni un sueldo, eligió el Día de la Madre —la fecha de mayor facturación del año para la gastronomía uruguaya— para organizar su maratón récord: 8.000 corredores, 25 barrios tomados, cortes desde la medianoche del sábado hasta las 14:00 horas del domingo, 75 líneas de transporte alteradas, y la rambla, el Centro, Pocitos, Punta Carretas y la Ciudad Vieja divididas en zonas roja, naranja y amarilla, como si Montevideo fuera un mapa de catástrofe. Que para muchos restaurantes, este domingo, efectivamente lo fue.

Funcionarios municipales salieron a los medios a recomendarle a la ciudadanía que no circulara salvo causa de fuerza mayor. Una sugerencia que solo puede hacer con comodidad quien no tiene madre que visitar, o quien lleva suficientes años en el sector público como para olvidar que los fines de semana, para muchos uruguayos, son días de trabajo, no de reposo.

La autoridad estatal lo celebró en redes con visible entusiasmo. “Turismo deportivo”, dijo. Hermoso concepto. Lástima que el turista deportivo no suele detenerse a almorzar con su madre entre el kilómetro 30 y la meta.

Y por si el circuito de la maratón no fuera suficiente, Plaza Independencia llevaba días cortada por la filmación de una serie de Netflix. La ciudad entera como escenografía de una producción ajena, mientras sus comerciantes miraban desde adentro.

Ahora bien. Antes de pedirnos que no circulemos, que no visitemos a nuestras madres, que no saquemos a nuestras familias a la calle ese domingo, convendría que la Intendencia hiciera un ejercicio básico de honestidad: ¿en qué estado le entrega la ciudad a sus ciudadanos? Las veredas llevan años rotas. La recolección de residuos falla con una regularidad que ya nadie festeja. Y cuando el servicio no funciona, la respuesta de ADEOM no es disculparse: es pedirnos que no saquemos la basura a la vereda. Que esperemos. Que tengamos paciencia. Que vivamos con la mugre. Los impuestos, mientras tanto, suben. Los cargos políticos, también. Los servicios, no.

Esta es la institución que nos pide tanto. La misma que cobra contribuciones inmobiliarias, tasas de saneamiento, patentes y habilitaciones con puntualidad de reloj suizo, pero que devuelve calles en estado calamitoso, plazas descuidadas y una burocracia que agota antes de resolver. Que cuando decide cerrar media ciudad para su evento estrella no consulta, no compensa, no reconoce. Simplemente cierra, y nos sugiere el túnel de Avenida Italia.

La gastronomía, entre tanto, sigue siendo el rubro más castigado y menos escuchado de Montevideo. Carga impositiva que no perdona, informalidad estructural que el BPS denuncia pero no resuelve, márgenes que no absorben ningún imprevisto. Quince años de gobierno de izquierda no lo ordenaron. Los que vinieron después, tampoco. Nadie lo hace porque nadie lo necesita: el sector paga, produce, emplea y calla.

La pregunta que queda, no es compleja: ¿con qué autoridad moral le pide tanto a sus ciudadanos una institución que cumple tan poco? ¿Desde qué lugar se nos exige paciencia a quienes ya la agotamos?

La impunidad, en Montevideo, tiene domicilio conocido. Está en la explanada de la Intendencia. Desde allí, este domingo, salieron a correr.

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