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Felipe VI

Alejandro Nelson Betocchi | Montevideo
@|Las recientes elecciones legislativas en España muestran un fraccionamiento parlamentario muy claro que denota la entidad y el alcance de lo que supone el multipartidismo. Difícil formar gobierno con una mayoría que se muestre potable a dar seguridades de funcionamiento. No hay riesgo institucional a la vista pues, entre otras cosas, ya la masa ciudadana se halla acostumbrada a la inoperancia que se hace notar en los últimos tiempos; donde las sesiones de las Cortes resaltan por el modelo de discusiones bizantinas empleadas donde no existe conciliación alguna y sí muchísima fraseología ideológica.

Empero lo que sí se muestra incólume y por fuera de cualquier amenaza es la figura de Felipe VI. Lo demuestran las encuestas donde surge que es considerado el político con más apoyo popular; aunque éste no lo sea. España, una Monarquía Parlamentaria bajo el paraguas de la admirable y muy sabia Constitución de 1978 que dispone claramente las obligaciones del Rey como Jefe del Estado, como símbolo de unidad y permanencia de la Nación, seguramente capeará esta tormenta siguiendo los elementos que la Carta Magna dispone.

Así lo ha sido en incontables oportunidades históricas como lo fue el célebre 23F. En este terreno de interpretación existen elementos jurídicos similares, por ejemplo, en la Constitución de Italia donde el Presidente de la República es elegido por las Cámaras en mayoría, siendo una figura de peso representando la unidad nacional por encima de intereses políticos partidarios. Algo semejante muestra el estado de Israel.

En muchas oportunidades quienes siguen la actualidad española notan la conducta irreverente del PSOE y en especial del Presidente del gobierno ante la figura del Rey violando protocolos constitucionales en forma lamentable y a la vista pública. Según el gran autor Arturo Pérez Reverte, los socialistas españoles han instaurado una agresiva política posmodernista que bien denomina “guerra civilista”, que es interpretada como una intención de seguir abriendo una brecha en el conocimiento de la historia reciente ejerciendo una lamentable ucronía de ojos en la nuca siguiendo una lógica gramsciana. Mucha crítica se ha publicado sobre este tema que se refleja en el día a día.

Quizás a la larga se impondrá algún dejo de sentido común dentro del actual panorama político español y se conformará un gobierno medianamente coherente. Y para confirmar este concepto, según lo marca la Ley Institucional siempre estará presente don Felipe VI, símbolo de la unidad de la Patria; árbitro y moderador del funcionamiento constitucional.

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