Eduardo | Montevideo
@| Ya estamos hartos e indefensos ante las estafas telefónicas. La modalidad va variando pero últimamente llaman una y otra vez, y preguntan, dando nombre y apellido del dueño de la casa. Es evidente que esos datos salen de Antel. Se hacen pasar por comisarios o agentes de una seccional policial para decirnos que nuestro hijo tuvo un accidente. Esto no es nuevo; en mi casa, en apenas dos meses, ya han llamado cuatro veces. No hemos caído en la trampa. En casa de familiares han llamado reiteradamente. O sea, esto es grande.
Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿qué pasa con el Ministerio del Interior? ¿Por qué no alerta diariamente a la población sobre estos delitos?
Especialmente porque el “cuento” cambia constantemente y la ciudadanía necesita estar al día para no caer en la trampa. Solo se informa cuando la estafa es millonaria o el caso se vuelve mediático.
Informar y reiterar una y otra vez es la única manera de combatirlos, para proteger a la población, sobre todo los ancianos que somos las víctimas más vulnerables. La policía recibe denuncias y si atrapan a alguno el “gran castigo” termina siendo la prisión domiciliaria. Una burla.
Estamos desamparados. El cansancio es tal que la gente ya ni denuncia. Y así, mágicamente, las estadísticas de delitos bajan. Al final de cuentas, nos están tomando el pelo a todos.