Arq. (J) Ignacio David Weisz | Montevideo
@|De lejos, espacial y temporalmente, las cosas no son tan simples como parecen... ni de cerca tan complejas como se cree.
Con frecuencia se emiten juicios sobre tal o cual asunto y en este caso sobre los aberrantes actos terroristas cometidos en Israel, en función de los intereses ideológicos que se postulan o de los sentimientos que se albergan y no en base a los hechos reales, al amparo de principios éticos y morales objetivos.
Ello puede ser admisible cuando se trata de quienes no están obligados a estar correctamente informados, pero injustificable cuando son referentes de una comunidad. Los “errores” que cometen tales personajes además de ser delitos maliciosos en sí mismos terminan teniendo consecuencias negativas para quienes las emiten (los desprestigian) y se transforman en bumeranes, armas que vuelven al punto de partida.
En un mundo donde “las noticias” son una mercadería más del mercado, las “fake news” o noticias falsas se venden más y mejor que las verdaderas. Estos productos seudo periodísticos buscan desinformar a un público en particular con la intención de engañar, de inducir a error, de manipular decisiones, desprestigiar a entidades o personas para obtener rédito económico o político. Presentar hechos falsos como si fueran reales, son una amenaza a la credibilidad de los medios de comunicación y el público receptor.
Históricamente, el pueblo judío ha sido perseguido, vilipendiado y asesinado hasta el 14 de mayo de 1948. El más reciente e importante ejemplo de ello ha sido el genocidio perpetuado durante la Segunda Guerra Mundial (1933-45) conocido como el Holocausto o Shoá, donde seis millones de judíos europeos fueron aniquilados sistemáticamente por parte del Estado alemán nacional socialista (nazis) y sus colaboradores (fascistas).
Desde la independencia de Israel, mientras los judíos de la diáspora siguen siendo víctimas del mal llamado antisemitismo, los habitantes israelíes (judíos o no) han sido amenazados con hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra por sus vecinos. Guerras: de la Independencia (1948-49); de Suez (1956); de los Seis Días (5 al 10 de junio de 1967); de Yom Kippur (6 al 25 de octubre de 1973) y del Líbano (1982-83). En la Franja de Gaza: 2008-09 Operación Plomo Fundido; 2012 Operación Pilar Defensivo; 2014 Operación Margen Protector y en 2021 (Operación Guardián de los Muros).
A pesar del poder de quienes lo han intentado (Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irak e Irán), Israel ha sobrevivido y formado un Estado con millones de habitantes, con un PBI de 500 miles de millones USD; han evolucionado hasta crear una potencia descollante en distintos rubros como el arte, la ciencia, la cultura, la comunicación y la tecnología, que han aportado progreso al mundo entero y... acaban de conmemorar su Año Nuevo 5874.
¿Qué podemos decir de sus enemigos?
La Historia los cita como desaparecidos, como meros datos que son mencionados o integrando el “nunca más”; siempre asociados a la violencia cruel y despiadada, a pretender imponer una religión cuyo Allah 'akbar (Dios es grande), pero algunos de sus fieles no, y a costumbres contrarias a la civilización occidental en fin... ¿para qué explicarles lo que ya saben?
Pretender razonar la posición de Hamás o Al Fatah es tan erróneamente inútil como justificar la maldad y la barbarie.
Podemos entender el qué pero nunca justificar el cómo.
Pero una cosa es cierta son una realidad y la disyuntiva es qué hacer con ellos: dejarlos vencer o combatirlos.
Aquellos que creen que el tema se circunscribe a la Franja de Gaza, a la inhumana actitud de Israel contra los palestinos, al cuestionable desempeño de su Primer Ministro, cometen el viejo error de no ver el bosque por un árbol... carecen de información objetiva y veraz sobre “la película”: una realidad compleja con demasiados factores y actores, y se conforman con la foto... tan trucada como las fake news.
Los que alguna vez visitaron Israel saben que está en la idiosincrasia de ciertos musulmanes (como lo está en los ultra religiosos de Mea Sharim, llamados Jaredíes) la negación a los actuales sistemas políticos democráticos, a las modernas formas de convivencia social.