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El virus del populismo

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|En Uruguay es clave distinguir entre una reforma constitucional y un programa político:

- La reforma constitucional fija reglas permanentes para todos los gobiernos, pensadas a largo plazo y en beneficio del interés general.

- El programa político son promesas electorales que buscan votos inmediatos, pero deben ejecutarse con responsabilidad.

El populismo surge cuando esas promesas se disfrazan de reformas y se presentan como soluciones mágicas. Ejemplos: aumentos de jubilaciones sin respaldo económico o recortes masivos de empleo público. Este último afecta directamente a unos 300.000 empleados públicos y sus familias, cerca de un millón de personas, lo que condena cualquier propuesta brusca al fracaso y genera división social.

Las consecuencias de estas promesas vacías suelen ser inflación, pérdida de poder adquisitivo, desempleo y perjuicio para los más vulnerables.

Las soluciones reales requieren seriedad y gradualidad:

- Empleo público: reducción progresiva mediante reorganización, freno a nuevos ingresos, uso de tecnología y retiros voluntarios.

- Jubilaciones: eliminar impuestos a las pasividades y financiar mejoras con ahorros genuinos del Estado.

La clave está en la honestidad:

- Una reforma busca reglas justas y estables.

- Un programa político busca votos inmediatos.

El populismo es peligroso porque promete lo que la gente quiere escuchar, pero sin sustento. Uruguay necesita reformas serias y responsables, no promesas vacías que terminan pagando los ciudadanos comunes.

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