Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|Es habitual que en el plano periodístico se procure buscar, encontrar y publicar el evento destacado de la semana, para luego discutirlo e intercambiar ideas en torno al mismo. Suelen ser dichos, frases o acontecimientos que marcaron agenda, como suele decirse, por su relevancia, su impacto o sus eventuales consecuencias posteriores, a mediano o largo plazo. Puede ser también la sanción de una nueva ley o los hechos que ocurren a nivel internacional producidos por decisiones humanas - tales como invadir y atacar territorios que provocan guerras - o producidos por la fuerza de la naturaleza, como ocurre cuando se dan cataclismos climáticos, inundaciones o terremotos.
Opino que el evento de la semana, del mes y quizás de más tiempo, fue el accidente y posterior fallecimiento que sufrió el deportista Juan Izquierdo. Aquí van mis razones:
1- Fue imprevisible, pero a la vez visto por decenas de personas en simultáneo o muy poco tiempo después de ocurrido en todas partes del mundo. La inmediatez que brinda la tecnología nos da este tipo de cachetadas.
2 - Fue elogiable la celeridad de reacción que hubo por parte de todos los que estaban en el estadio y en el hospital para atender su caída.
3 - Fue emocionante la solidaridad y el cariño que demostraron de diversa manera muchas personas hacia Izquierdo y su familia. En especial, el gesto inolvidable y conmovedor de todos los jugadores de San Pablo a los pocos días de ocurrido el desgraciado suceso.
4- Vienen ahora los argumentos más esenciales: el accidente unió a todos, dentro y fuera del estadio. Si unos minutos antes habían ocurrido, por enésima vez, hechos de violencia e insultos en las tribunas, todo se paralizó y se ensambló, fusionándose en una sola cosa: lo de Juan era más importante y serio que las estúpidas y absurdas agresiones, discusiones y peleas anteriores.
5- Nos mostró sin excepciones nuestra tremendísima fragilidad. En cuestión de segundos, la vida de Juan Izquierdo cambió para terminar, lo que puede pasarle a cualquiera de nosotros o nuestros seres queridos. Fue un recordatorio de nuestra inconsistencia y debilidad, cuando muchas veces nos creemos super-poderosos e inextinguibles.
6- Sirvió para replantearnos qué cosas nos preocupan, por qué cosas discutimos y nos enfrentamos en el diario vivir. Cuáles son nuestros anhelos, nuestros objetivos y finalidades, qué fines perseguimos y cuáles son los medios que utilizamos para conseguirlos.
Nos debería servir a todos el mensaje que nos dejó Juan. Por eso creo que no fue un simple suceso más. Ojalá lo aprovechemos y que Juan, en su nueva dimensión, nos sonría feliz desde arriba.