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El soberano ya se pronunció

Eduardo Sellanes Iglesias | Montevideo
@|En el Uruguay hay algo que siempre tuvo valor: la palabra del pueblo. No es un eslogan. Es un límite. Y cuando la gente vota en un plebiscito o en un referéndum, no está opinando. Está decidiendo. Y cuando decide, se respeta. Incluso en los momentos más difíciles. Como en el Plebiscito constitucional de Uruguay de 1980, impulsado por un gobierno de facto, cuando el país dijo “no”.

En octubre de 2024 se puso sobre la mesa una reforma profunda del sistema previsional. Se habló de cambiar reglas de fondo. La gente dijo que no. Ese “no” fue claro. Los “no” en el Uruguay no son sugerencias. Y cuando se trata del ahorro de toda una vida, la gente no arriesga. Se cuida.

Por eso hoy, cuando se vuelve a plantear que el Estado tenga más control sobre esos ahorros, el problema no es la propuesta. Es la confianza. La gente tiene memoria. Y la memoria, en estos temas, decide. Recuerda lo que pasó con PLUNA. Recuerda una subasta que debía dar certezas y terminó generando incredulidad. Recuerda pérdidas en los Casinos Municipales de Montevideo que siguen sin explicación convincente. Eso basta.

La confianza no se construye con intenciones. Se construye con resultados. Cuando los resultados fallan, la desconfianza queda. A eso se suma otro dato que la gente también sabe: el Banco de Previsión Social requiere asistencia permanente del Estado para funcionar. No es un detalle menor. Es el corazón del problema.

La pregunta entonces es inevitable: ¿cómo confiar plenamente en que el mismo sistema que necesita ser asistido sea el que administre más?

Ahí está el punto. No es ideológico. Es lógico. La desconfianza no es un exceso. Es una reacción. Cuando el ciudadano siente que tiene que defender su propio ahorro de quien debería protegerlo, algo se quebró. No en la ley. En la confianza. Y cuando la confianza se quiebra, no hay reforma ni sistema que funcione. Porque ya no falta diseño. Falta credibilidad.

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