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El karma político

Uruguayo de ley | Montevideo
@|En política suele hablarse de “karma” en sentido metafórico: no como una fuerza sobrenatural que castiga, sino como el momento en que quienes llegaron al gobierno deben enfrentar problemas que anteriormente utilizaban para cuestionar a quienes gobernaban.

Es difícil no pensar en ello al observar algunas situaciones del Uruguay actual, cuando gran parte de la ciudadanía considera que, en general, todo lo relacionado con la conducción gubernamental ha empeorado; y así lo indican las encuestas de opinión.

Desde la oposición se señalaba reiteradamente el bajo nivel del tipo de cambio, los problemas de inseguridad, la persistencia de la pobreza infantil y las dificultades del sistema de salud, entre otros asuntos. Esos temas fueron presentados entonces como evidencias de una gestión insuficiente y como problemas que requerían soluciones urgentes.

Hoy, quienes gobiernan deben enfrentar buena parte de esas mismas dificultades. El contexto puede haber cambiado y, naturalmente, no todos los problemas son responsabilidad de un solo gobierno. Pero existe una evidente ironía política cuando aquello que antes se señalaba como argumento contra el adversario, continúa presente una vez que se ocupa el poder.

El verdadero desafío, sin embargo, no consiste en celebrar ese supuesto “karma”. Consiste en observar si quienes criticaban determinadas situaciones cuando estaban en la oposición son capaces ahora de resolverlas, o al menos de avanzar significativamente hacia su solución.

Gobernar es, precisamente, asumir la responsabilidad de transformar las críticas en resultados.

Por eso, más que un castigo del destino, el “karma político” podría entenderse como una prueba de coherencia: las palabras pronunciadas desde la oposición adquieren un significado diferente cuando quienes las pronunciaron deben responder desde el gobierno.

Y quizá esa sea una de las enseñanzas más interesantes de la política: con el tiempo, los papeles pueden cambiar, pero los problemas permanecen y terminan reclamando respuestas de quienes, circunstancialmente, tienen la responsabilidad de gobernar.

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