María del Carmen Liñares | Montevideo
@|El Presidente de Uruguay tiene la potestad de gobernar a los ciudadanos de la República, ajustándose a las normas y leyes que rigen su cargo. Entre sus atribuciones, puede designar y destituir a sus Ministros.
Independientemente de lo que las normas jurídicas establecen, la autoridad del Jefe de Estado designado democráticamente por el pueblo en elecciones nacionales no es objeto de discusión, aunque toda la ciudadanía siempre tenga la libertad y el privilegio de poder mantener una opinión contraria a la del mandatario en un país libre como el nuestro.
Pero como a todo aquel que ejerce la autoridad legítimamente en cualquier ámbito, merece el respeto de sus subordinados a sus actos y decisiones, ya que lleva la investidura que le permite actuar en consecuencia.
En recientes jornadas el Presidente se vio sometido al escarnio de figuras políticas, que incluso se tomaron la libertad de pedirle que reviera su decisión, como si el primer mandatario no hubiera pensado detenidamente el asunto antes de pedir la destitución de uno de sus ministros. Seguidamente amenazas, advertencias de falta de apoyo si no existieran coincidencias con iniciativas del partido en cuestión, que podrían llevar, según ellos, a una debacle que el resto del gobierno no podría solucionar.
Como nadie es insustituible, considero que esa actitud de enfrentar al primer mandatario roza la soberbia y la falta de respeto a quien fue designado para dirigir los destinos del país por el presente período de gobierno. Lo cual es tan grave como los hechos irregulares que salieron a la luz y que llevaron a este desencuentro tan desagradable entre quienes prometieron estar unidos en un frente común.
En definitiva, las conclusiones a las que se llega es que la formación profesional de cada político activo influye también en su desempeño, que las relaciones de parentesco no son buenas en las posiciones de poder y que el gesto de acercamiento del Presidente previo a que se difundieran los hechos, fue devuelto de muy mal modo por parte de quienes debieron agradecerlo.