Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Por una política cercana, austera y transparente.
Cuando entramos al cuarto oscuro y tenemos el sobre en la mano, lo que buscamos en el fondo es un acto de honestidad; queremos algo tan simple y a la vez tan revolucionario como encontrarnos a nosotros mismos reflejados en una boleta.
No pedimos imposibles, pedimos coherencia.
La sociedad es un mosaico enorme de necesidades y anhelos; está el que se levanta a las cinco de la mañana para ganarse el pan con una changa, el jubilado que hace malabares para estirar los remedios hasta fin de mes, o el vecino común que tiene una visión clara de cómo quiere salir adelante y todos quieren sentirse representados por alguien que los entienda y con la misma realidad de experiencia de vida.
Y cómo no sumar a los que están hartos de los privilegios, esos ciudadanos que exigen políticos austeros, de los que quieren gente que cobre lo justo y razonable, que no viva viajando por el mundo a costillas del Estado y que se rompa el lomo trabajando de sol a sol, como lo hace el pueblo todos los días.
Cada uno de nosotros busca en su representante un pedazo de su propia dignidad.
Es totalmente humano querer que quien nos gobierne o legisle hable nuestro idioma, entienda de sacrificios y comparta nuestros valores.
- El muro invisible entre tu deseo y tu voto.
El gran problema es que, cuando nos ponen enfrente la famosa lista sábana, ese sueño de conexión humana se rompe en mil pedazos.
Te entregan un papel interminable donde quizás conocés al primero, pero el resto son completos desconocidos, muchas veces alejados de la realidad, listos para acomodarse en una banca con suculentos sueldos y beneficios que el ciudadano común ni sueña con ver.
Ahí es donde se disuelve la democracia real; tu voto, que debería ser un acto íntimo de convicción, termina siendo un cheque en blanco para una estructura partidaria.
Al final del día, ese político no le debe explicaciones a tu esfuerzo cotidiano; le debe obediencia ciega al dueño del aparato que lo metió en la lista.
- Lo que verdaderamente queremos.
Lo que anhelamos para vos, para mí y para todos es libertad en estado puro.
La libertad de dar nuestro voto a quien nos representa en nuestra visión y pensamiento, sin filtros ni intermediarios.
La certeza de elegir a personas honestas, trabajadoras, que entiendan que un cargo público es un servicio y un honor, no un privilegio lleno de lujos y viajes innecesarios.
La dignidad de recuperar el poder de decisión, pasando del rol de espectadores estafados al de verdaderos protagonistas de nuestro destino.
Votar no debería ser un acto de fe a ciegas en una estructura que te ignora, sino un puente directo entre el ciudadano de a pie y el futuro que nos merecemos.