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Dos caras de la moneda

Esteban Vicente | Montevideo
@|Llamémosle moneda a nuestro país, a nuestra patria, a una manera de gobernar: hacerlo para el bien del soberano, o sea del pueblo, de todos y cada uno de sus integrantes, sin importar banderías políticas, si te votó o no y si piensa hacerlo en las próximas elecciones.

Sin pretender desmerecer a ninguna de las personas que ejercieron la presidencia de la República desde 1985 a la fecha, en mi opinión personal, hubieron dos que sobresalieron por su personalidad y su carácter de líderes democráticos enfrentando factores de origen netamente foráneo, sumamente perjudiciales para nuestro país.

Ambos de raigambre política, hijos de ex presidentes, o sea que su cultura, su educación y principios morales los cultivaron desde niños a través de los años.

El primero debió enfrentar la mayor crisis económico-financiera derivada de la plaga de aftosa que nuestros vecinos argentinos transmitieron a nuestro ganado a través de fronteras comunes y sin aviso, afectando a nuestro principal rubro exportador y por ende el ingreso de divisas.

El otro desencadenante fue el retiro masivo de los depósitos en moneda extranjera de ciudadanos del mismo origen, causado por su grave crisis de gobierno.

Y qué hizo nuestro presidente: tomó las medidas que eran necesarias aunque con ello ponía en riesgo el futuro electoral de su partido; cambió al ministro de economía de carácter técnico por un político e hizo una llamada personal al Presidente de los Estados Unidos de América y obtuvo un préstamo directo de ese gobierno – algo sin precedentes – y con ello pudo mantener la tradición de buen pagador de nuestro país.

El préstamo fue devuelto más adelante – como correspondía – y sin atender las voces de la oposición que reclamaban la moratoria de la deuda externa.

El segundo a pocos días de asumir, se las vio con la mayor pandemia de los últimos tiempos, que provocó miles de muertes en todo el mundo. Y hubo que destinar recursos y personal para combatirla; pero al contrario de los “consejos” de la oposición, se mantuvo la libertad de acción de la mayoría de la población, siguiendo las debidas medidas de precaución y no encerrando a la gente como hicieron países vecinos y reclamaban líderes opositores. Hasta que la pandemia fue superada, se produjeron los consabidos déficits que gradualmente fueron corregidos mediante una eficiente conducción económica.

Todo ello se dirigió a mejorar la condición financiera de la población en general, no la exclusiva de un partido político basado en sus creencias filosóficas.

Pero el aparato propagandístico instalado por el actual partido político en ejercicio del poder, pudo más con promesas que la realidad predominante; y han desembocado en un alto desencanto de muchos de sus votantes en la gestión de gobierno.

Parecería que la lucha que condujeron exitosamente estos dos líderes necesita del apoyo irrestricto de quienes están más en el contacto diario con los integrantes de sus poblados.

De otra manera, el canto de sirenas que promete dádivas a cambio de nada, termina imponiéndose y nuestro país en vez de avanzar, retrocede.

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