Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Hace unos días, escribí una carta que titulé “vaticinio electoral” donde atrevidamente vislumbraba un triunfo en las elecciones argentinas de Javier Milei.
Reconozco el arrogante error de mi parte al considerarme un politólogo analítico que, creyendo en la lógica racional, presumía una razonable definición vinculada a la insostenible situación financiera que vive Argentina; priorizando la emisión descontrolada de beneficios económicos sociales, inyectando enormes sumas de dinero con el consiguiente resultado de inflación, suba del dólar y del riesgo país. Este escenario del cual el único responsable es el candidato oficialista, en simultáneo con su cargo de Ministro de Economía lo cual (en ausencia de Presidente y Vice) le permitió llevar a cabo el llamado “Plan platita”, concretado con una emisión desmesurada de más de 3 billones de pesos.
Mi mayor equivocación estuvo en los votos de Milei y Massa, siendo los resultados inversos a mis predicciones; resultando la diferencia de votos entre ellos con 7 puntos de ventaja del oficialista sobre el novel “Mesías”, que aparecía en la política. En los demás vaticinios se vislumbraba a Bullrich perdiendo votos, a Schiaretti creciendo y a Bregman y votos nulos igual, y así resultó.
Nuevamente se genera un período de un mes de elucubraciones con respecto al balotaje que definirá al Presidente próximo; donde se especulará qué apoyos podrán recibir los dos candidatos; qué cambios adoptará Milei en su imagen y discurso; cuánto más destinará Massa al “Plan platita”; cuál será el resultado del debate del día 12 y qué incidencia tendrá en la votación del 19 de noviembre.
Me equivoqué en mi vaticinio, como también 26 de 28 encuestadoras que creyeron, como yo, en el triunfo de Milei y lo reconozco. Pero hoy pienso que los equivocados en verdad fueron los adherentes incondicionales al peronismo-kirchnerismo. Quienes ciegos creyentes de su devoción partidaria siguen, cual corderos al matadero, a quienes durante casi dos décadas han gobernado bajo el imperio de una corrupción ostentosa que, iniciada premeditadamente por el matrimonio Kirchner, permitió a sus seguidores participar activamente ante la incomprensible complacencia de un pueblo sumiso; llevando a la Argentina a un pozo muy profundo del que sólo podrá salir si logra erradicar a la “casta político-sindical” que hoy maneja, inepta y corruptamente, los hilos de la política argentina.