E. K. | Montevideo
@|La eliminación de Uruguay fue crónica de una muerte anunciada, luego de ver los partidos anteriores. La sorpresa fue que perdiéramos sólo por un gol ante España, esperaba cuatro o cinco. Se terminó el mito de la “garra charrúa” que se inició en el siglo pasado por gloriosas victorias, y cuyo final comenzó cuando empezó a desmembrarse el equipo del 2010 en el que estaban Forlán, goleador excepcional, Suárez, otro goleador con sus picardías (el gol que no fue tal en África), teníamos a Cavani, al “Loco” Abreu, a Arévalo Ríos, al “Ruso” y a todos los demás integrantes. Era un equipo brillante que corría toda la cancha y hacía goles desde cualquier lugar. No era fácil, pero todos luchaban como leones y peleaban todas las pelotas defendiendo a muerte su arco y tratando de vencer al contrario. Por esa entrega y por sus valores fue un equipo muy querido por todos los uruguayos.
En la medida que la selección fue cambiando, se fue perdiendo de a poco el orgullo de llevar “La Celeste” y así mismo, fue perdiendo su coraje, su espontaneidad, su entrega, la cohesión de sus jugadores.
Ahora estamos con “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Y la rematamos con un D.T. argentino que nunca tuvo buena relación con el equipo y que cuando Suárez lo habló fue defenestrado. ¿Por qué se gastaron millones en un D.T. extranjero, siendo que en el país los hay excelentes? Y ahora se va con los bolsillos llenos y tiene el tupé de decir que a su paso por Uruguay “no dejaba nada”. ¿Cómo que no? Deja vergüenza, frustración y enojo al ver que con tantos jugadores uruguayos que son estrellas en el exterior, no fue capaz de armar un equipo poderoso y combativo como los de antaño y sólo se logró la eliminación vergonzosa.
Ni que hablar que nos fue muchísimo mejor con los directores técnicos locales que siempre trataron de obtener los mejores resultados para su país. Con este D.T se perdió el entusiasmo, la mística que tenía “La Celeste”. Ese sentimiento de luchar hasta el final del partido, hasta el último minuto para hacer los goles necesarios. Ahora nos muestran las estadísticas que nos hablan de la “posesión de la pelota”. Por favor, aunque la tengan solo diez minutos, los partidos se ganan con los goles que se pueden hacer en ellos.
Una cosa es real, lamentablemente: la famosa “garra charrúa” se fue desdibujando, y se convirtió en una pequeña uñita de bebé. En estas condiciones y habiendo perdido todos sus atributos, es imposible ganarle a ningún equipo. Quiero señalar que si bien los errores de Muslera fueron funestos para los resultados, hay que reconocer su entrega durante largos años por la selección, cuando su arco era inexpugnable. Y también destacar, en esta oportunidad, su honestidad al poner la cara ya que fue él mismo quien pidió el cambio por el error cometido.
Señores cronistas deportivos: dejen de vendernos espejitos de colores respecto a la selección actual, por lo menos hasta que haya un gran repunte de resultados, cosa que le dará bastante trabajo al nuevo D.T.