Un Conejo Blanco | Montevideo
@| Desde hace un tiempo he estado observando con preocupación el estado de la política de nuestros vecinos del Plata; viviendo un momento lamentable de su rica historia, con un gobierno casi en retirada, acuciado por inmensos problemas económicos y financieros y ante el advenimiento de cercanas elecciones nacionales de muy dudosos resultados en cuanto al logro de soluciones a futuro.
En otro orden, distinto y afín, hace pocos días los presidentes de Peñarol y Nacional, eternos rivales, ante un hecho luctuoso se fundieron en un fuerte abrazo de sentida hermandad.
Eso me ha hecho pensar qué podría suceder en nuestro país luego de las Elecciones de 2024, y al hacerlo, he experimentado una especie de paz interior y tranquilidad por el futuro de nuestro Uruguay.
En este pequeño país disfrutamos de una democracia republicana, alternativa, representativa y responsable que asegura la alternancia en el poder, elige a los gobernantes por votación popular y quienes resultan electos son en todo momento responsables de sus actos ante la ciudadanía, según lo establece nuestra legislación.
Basado en ello, los gobiernos de diversas tendencias se alternan y gobiernan defendiendo sus principios ideológicos, proponiendo leyes en forma republicana discutidas o acompañadas por los partidos de oposición cuya función, de acuerdo a derecho, es de control y limitación de la gestión gubernamental.
Para las elecciones próximas, más allá de las preferencias partidarias que todos tenemos y los deseos de que triunfe nuestro voto, este actual gobierno de coalición dejará nuestro país con sus cuentas en orden, preparado para ser gobernado por quien disponga libremente la ciudadanía con su elección.
La confianza en la estudiada austeridad de la “libertad responsable” o el pequeño derroche del populismo del “Estado protector”, se enfrentarán en las urnas oponiendo sus ideas para que el pueblo elija. Pero gane quien gane, la fortaleza democrática de Uruguay prevalecerá por sobre todas las dudas. Y sabremos que el gobierno que asuma respetará la ética política y quién no lo logre reconocerá su derrota y saludará con respeto al triunfador, quien trabajará por el bienestar de todos los uruguayos, a su modo, proponiendo su visión ideológica dentro de las normas de una democracia republicana, alternativa, representativa y responsable.