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Conductores, motociclistas y peatones

Esteban Szabados | Brasil
@|El motociclista pasó rozando a una muchacha que cruzaba la avenida por la cebra y le gritó algo -nada bueno- que no llegué a entender. Ella iba absorta en su celular cruzando el semáforo en rojo. Él se molestó por su irresponsabilidad y distracción ante el tránsito.

Otro día, hace poco también, un coche cruzó velozmente en semáforo rojo mientras una motocicleta pasaba en verde. No chocaron por un centímetro, creo yo. El transitar por las calles de San Pablo, sean conductores, peatones o motociclistas, se transformó en una actividad peligrosa.

El número de accidentes este año en la ciudad alcanzó la increíble cifra de 32.430 de enero a agosto. Según las estadísticas, las causas de los accidentes son multifactoriales: distraerse en el tránsito, ignorar las señales, exceder la velocidad, haber bebido alcohol. Yo agregaría otra razón: la ansiedad. Parece como si todos estuviésemos apurados porque se va el tiempo, se escapa el día, se esfuma el año.

Hace unos dieciséis años fui atropellado. Un motociclista incrustó su manubrio en mi costilla y clavó el pedal en mi muslo izquierdo mientras yo cruzaba una avenida por el paso de cebra. Volé en el aire. Caí del otro lado de la vía, me levanté enseguida y me senté en el cordón de la vereda. Pasaron unos minutos y comencé a sentir mucho dolor en la costilla derecha y en el muslo izquierdo. Estaba muy confundido. El muchacho de la moto se había caído, pero no se había lastimado. Se me acercó y me interpeló. Quería que yo le pagase algunos raspones que tenía la moto por el accidente: yo era el peatón atropellado y él era el agente de la acción. Llamé a mi esposa y al rato llegó la policía. Me llevaron a un hospital municipal cercano que no tenía máquina de rayos X. Por lo tanto, fui por mis propios medios a uno privado. Ahí me hicieron varios exámenes que comprobaron que no había fracturas ni lesiones. Tuve suerte, dentro de todo, porque podría haber sido grave si en el momento que caí del otro lado de la vía hubieran venido coches. Creo que el semáforo me salvó la vida porque estaba rojo en ese sentido en el que yo había caído.

En fin, muchos factores causan accidentes, y curiosamente, muchos detalles pueden salvar vidas. Debemos prevenirnos.

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