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Circo y pan

Dan Dabranos | Montevideo
@|No, el título no está al revés, verán porqué.

Desde hace unos años, confieso que sigo asustado por la cuota de inconsciencia de la mayoría de los uruguayos, a la hora de elegir gobierno.

Aún hay demasiada gente que sigue creyendo en “el cambio”, común denominador de toda campaña preelectoral que se precie de tal. Hasta ahí, no importaría el color…

Voy a ir desmenuzando lo antedicho; primero, el cambio prometido no aparece, aunque la esperanza que encerramos en aquel voto, no desvanece fácilmente. Tampoco sabemos en qué consiste el cambio, aunque el anhelo de que se produzca es más fuerte.

Y al fin, aparece la pregunta: ¿qué país queremos? Usada y manoseada por políticos, público y medios, parece elemental, y realmente, lo es.

Partiendo de la base de que el mundo se divide en izquierdas y derechas, quedémonos en nuestro país de blancos, colorados y frenteamplistas. Reconozco y respeto a los otros Partidos, pero, en general, son minoría en su representación parlamentaria.

En el intento de responder cabalmente a la pregunta que cito “ut supra”, continúo.

Acá aparece el compromiso del ciudadano, de saber qué país quiere, o ansía tener.

Caudillos y doctores, discutían por un territorio, con diferencias sí, pero no perdían nunca su objetivo, la República.

Entonces, izar la Bandera Nacional no era solamente reconocer esa República, era también, reconocer el espíritu republicano que anidaba en sus habitantes.

Exactamente lo contrario a los postulados de nuestro actual gobierno.

Recuerdo un telegrama que recibí, hace muchos años atrás, de un amigo con mucho sentido del humor: “Adhiero paro, envíen motivos”. Analicemos el contenido de tan gracioso mensaje.

En este caso, el orden de los factores altera el producto en la medida de contagiar al indeciso, aquel que poco conoce la razón, si la hubiera, de la medida tomada.

El telegrama en cuestión, ahora menos gracioso, es un claro ejemplo de la “política del no hacer”, un mecanismo implantado por el FA durante los períodos en los que fue gobierno, el cual no ha variado hasta el presente.

No vivo al margen de los acontecimientos que afligen a mi país. Así, distingo temas tan importantes como la inseguridad, la salud y la enseñanza pública. Los ejemplos en estas áreas son crueles.

Padres, madres, hijos, asesinos, balas perdidas que matan inocentes. Una anestesista, con un fentanilo que le hará cargar toda su vida la muerte de una colega. Docentes, que fomentan y amparan tener clases un día sí y otro tal vez, con el único desvanecido estandarte de un aumento de salarios que nunca se producirá. El ministro de Economía ya habló, pero la protesta se mantiene. El alumno dejó, hace rato, de ser un sujeto de derecho, el derecho a recibir clases.

Todos estos hechos, cumplen a rajatabla con la práctica de la desestabilización del país, único objetivo de la izquierda en general, y del FA en particular.

A todo esto, debemos sumarle la acción de la IMM, que gasta mucho en “lo cultural” y muy poco en lo esencial.

La creatividad en el desarrollo de actividades lúdicas, festivales, conciertos, muestras de todo tipo y tamaño, con “Colectivos” y chorizos, no hay quien la supere.

Las noveles generaciones, que piensan en el voto como en una torta de cumpleaños, con la misma importancia depositarán en la urna más de lo mismo, como ratoncitos encantados al compás de una flauta…

La IMM tendrá asegurado un largo reinado, manteniendo intacta su superpoblación de cargos. Nada cambiará.

No imaginan ¡cuánto deseo equivocarme!

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