Ciudadano previsor | Montevideo
@|Prepararnos antes que lamentarnos.
El cambio climático ocupa cada vez más espacio en las decisiones de gobiernos y sociedades. Al mismo tiempo, se advierte sobre la posibilidad de un episodio de El Niño particularmente intenso durante el resto de 2026, al que algunos medios han denominado “El Niño Godzilla”.
Más allá del nombre —que no constituye una categoría científica—, el asunto merece atención, pero no alarmismo. El Niño es un fenómeno natural que puede aumentar, según las regiones, la probabilidad de lluvias extraordinarias, inundaciones, sequías y temperaturas extremas. Y un clima global más cálido puede contribuir a intensificar algunos de sus efectos.
Ante esta realidad, quizá la pregunta más importante no sea cuánto podemos discutir sobre el cambio climático, sino cuánto estamos haciendo para prevenir sus eventuales consecuencias. El gobierno uruguayo ha mencionado que comienza a estudiar medidas potenciales a adoptar.
Según se desprende de la información disponible a nivel internacional, sería razonable que las autoridades revisaran anticipadamente los sistemas de drenaje, las zonas inundables y el estado de rutas, puentes y demás infraestructura crítica; que fortalecieran los sistemas de alerta temprana; que evaluaran las reservas y fuentes de agua; que proporcionaran al sector agropecuario información climática con suficiente anticipación y que prepararan los servicios de salud para eventuales olas de calor, inundaciones u otras situaciones extraordinarias.
También sería conveniente que la población recibiera información clara y comprensible, distinguiendo entre los riesgos respaldados por la evidencia científica y las predicciones de carácter sensacionalista.
Prevenir no significa suponer que necesariamente ocurrirá una catástrofe. Significa sencillamente reconocer que, cuando existen riesgos que pueden ser anticipados, resulta mucho más racional y económico prepararse para ellos que comenzar a actuar después de que se produzcan los daños.
El cambio climático exige, sin duda, políticas de largo plazo. Pero fenómenos como El Niño plantean además una exigencia mucho más inmediata: transformar la información científica disponible en decisiones concretas de prevención.
Tal vez la pregunta que deberíamos formularnos como sociedad sea muy sencilla:
¿Estamos haciendo hoy todo lo razonablemente posible para no tener que lamentarnos mañana?