Esteban Vicente | Montevideo
@|La “cosa nostra” es un término usado para referirse a cierta organización delictiva establecida hace años en Sicilia, Italia.
Para seguir usando el idioma, calcio nostro viene a ser nuestro fútbol.
Muchos uruguayos están decepcionados por la magra actuación del seleccionado en el mundial de fútbol. Personalmente no lo comparto porque no creo que haya ocurrido nada que no estuviera planificado de antemano.
Y aquí expondré una teoría personal, que probablemente se aparte de la realidad, pero que por lo que ha estado ocurriendo en los últimos tiempos da para pensar.
Muchos ya no recuerdan que la FIFA o sea la Federación Internacional del Fútbol Asociado, es una multinacional muy poderosa que en algunos casos pretende imponer ciertas condiciones aún por encima de las leyes nacionales vigentes en los países asociados. Tampoco los más allegados a las órbitas directrices parecen recordar los nombres de Blatter o Figueredo, que eran dirigentes de la misma.
Ahora parecería que los nuevos directivos son personas intachables e incapaces de asociarse para desviarse de las buenas costumbres y de las leyes…
Para comenzar cabe recordar que los directivos son elegidos por el voto de cada país miembro que a su vez reciben generosas “dietas” de la organización madre para ocupar ese puesto.
Para mantener esa estructura, el fútbol dejó por completo su estructura original amateur, para convertirse en un negocio comercial que involucra a cadenas televisivas, de streaming, grandes marcas comerciales y jugadores “estrella”.
Si para organizar un mundial en Asia hubo que pasarlo de junio a diciembre porque el calor abrasaba, no se eligió a Catar por su tradición futbolera, sino por sus petrodólares.
Ahora en Estados Unidos, Canadá y México, para que se aseguraran cuantiosas recaudaciones por entradas a los estadios de fútbol americano, no de soccer, y que los numerosos millonarios que allí tienen sus negocios pudieran publicitar sus marcas comerciales.
A título de ejemplo, si al dueño de Tesla, Starlink y X le gustaría ver a la selección de su país natal en los dieciseisavos de final, ¿usted se opondría? ¿O preferiría ver a un seleccionado de América del Sur patrocinado por el Banco República? O a que la rivalidad rioplatense pudiera afectar al “mejor jugador del mundo” y que eventualmente no siguiera brillando y así vender camisetas con su nombre en la espalda a razón de cientos de dólares. Tampoco creo en disculpas por “errores” ni en que el técnico argentino lo mantuviera como titular después del segundo partido, para que repitiera el “error” en el último partido.