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Breve reseña Siglo XXI

Silvia Barbieri Grezzi | Montevideo
@|Vivimos en un tiempo donde la comunicación es demasiado ágil, un mundo globalizado. Cuanta más disponibilidad de información y más rápido nos comunicamos, existe más desinformación y conflictos. Las redes sociales acaparan los escenarios cotidianos.

Son el gran engaño, haciéndoles creer que tienen espacios para expresar su “poder”, su pensamiento crítico, y su libertad de “expresión”, cuando paradójicamente son vendidos al mejor postor, después de haber sido manipulados como ratas de laboratorio totalmente fuera de lo que llamaríamos ética.

Y así las personas continúan haciendo scrolling, subiendo información personal a sus redes… creyendo que son auténticos, rebeldes, especiales, únicos, donde postear cada acontecimiento (por más banal que sea) da sentido de “yo estuve ahí”.

¿Cuándo dejaron de usar a los objetos y comenzaron a usar a las personas?

La mayoría de las veces los individuos somos considerados objetos. Cuando se aburren de usarnos, es tan simple como desecharnos, una cosa vieja que no sirve más. Detrás de este concreto ejemplo, se observa la mentalidad del siglo XXI: use y tire.

En el siglo XX todo estaba pensado para durar, desde los electrodomésticos, la ropa, hasta los vínculos. Era otra la manera de relacionarse. Desde otra cosmovisión, otros valores como el respeto, la lealtad, la solidaridad, etc. Tampoco santificaré al siglo XX, pero sí es cierto que las relaciones eran más profundas generalmente y por supuesto distintas a las de nuestro tiempo.

Si bien debería aplaudir a los supuestos “artistas” contemporáneos, elijo traicionar mi generación y ser fiel a mi oído musical, mis conocimientos de música y a mi pensamiento crítico. Artistas eran los de antes, aquellos que cantaban solo con un micrófono y la banda o una simple guitarra. Todos con unas voces impresionantes, unas letras excelentes y unas melodías inmortales que no podían más que solo tocar el alma.

Hoy en día son la negación de lo que es ser un artista, con letras carentes de contenido, banales, agresivas, sexualizadas, melodías totalmente simplistas que hasta un Neanderthal pudo haber hecho mejor música. Letras que generan disputas entre el hombre y la mujer, en lugar de crear espacios para el diálogo, porque en este mundo de hoy nos necesitamos unidos más que nunca.

Tenemos que enfrentarnos a la realidad que el pensamiento crítico está en detrimento frente a la inteligencia artificial, que avanza cada día, ocupando espacios relevantes en el mundo, generando así un impacto socio-económico-cultural desfavorable.

Las personas muestran un desinterés a gran escala sobre temas importantes como salud, seguridad, educación, política, medioambiente, conflictos bélicos internacionales, etc.

Muchos siguen haciendo scrolling, y quizás, mientras esa última página que gira en el ciber espacio, el mundo como lo conocimos ya no vuelva a ser el mismo.

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