Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Baltasar Brum (1883-1933), destacado dirigente batllista, encarnó una época de profundas transformaciones democráticas en Uruguay. Como integrante de la “Comisión de los Ocho” (pacto multipartidario entre colorados y nacionalistas), participó activamente en la redacción de la Constitución de 1918.
Esta reforma introdujo el Poder Ejecutivo colegiado (Consejo Nacional de Administración junto al Presidente), limitando el presidencialismo unipersonal, ampliando derechos sociales, educativos y de participación, y buscando equilibrar las fuerzas políticas tras décadas de inestabilidad.
Brum, quien asumió la presidencia en 1919 como primer mandatario bajo el nuevo texto, simbolizó el impulso modernizador del batllismo, mayor institucionalidad, austeridad republicana y defensa férrea de la democracia, hasta su trágico suicidio en 1933 como protesta contra el golpe de Terra.
Casi 110 años después, la iniciativa ciudadana Reforma 2029, impulsada por la Comisión Nacional Reforma 2029, retoma el espíritu de repensar las reglas del juego institucional.
Se trata de una propuesta independiente de partidos tradicionales que busca un plebiscito en 2029 para modificar la Constitución de 1967. Sus ejes centrales proponen en el inicio y por encuesta abierta a los ciudadanos, reducir drásticamente el costo de la política (recorte del 30% en salarios de presidente, vice, ministros, legisladores e intendentes), establecer topes basados en el Salario Mínimo Nacional, disminuir el número de parlamentarios, eliminar privilegios y cargos de confianza (cubriendo puestos por concurso o sorteo), suprimir fueros en casos de corrupción y fortalecer mecanismos de participación ciudadana (consultas, plebiscitos).
El paralelismo es evidente, ambos momentos reflejan un Uruguay que, ante percepciones de desconexión entre representantes y pueblo, apuesta a reformar la Constitución para fortalecer la democracia, mejorar la eficiencia del Estado y restaurar confianza institucional. La de 1918 fue expansiva y progresista (Estado de bienestar); la de 2029 es más austera y correctiva, orientada a combatir burocracia, gasto excesivo y privilegios de la clase política.
Sin embargo, difieren en origen y orientación; Brum actuó desde el poder batllista y un pacto partidario; la actual es iniciativa “desde abajo”, ciudadana y sin afiliación partidaria explícita.
Una construyó el Estado moderno; la otra cuestiona su crecimiento desmedido.
En ambos casos subyace la misma convicción republicana, las instituciones no son eternas ni intocables, deben actualizarse para servir mejor al ciudadano.
Brum defendió la Constitución con su vida; la Reforma 2029 invita a la ciudadanía a reclamarla con su voto.
Sea cual sea el resultado en 2029, el debate revive una tradición uruguaya profunda, reformar para preservar y perfeccionar la democracia.