Néstor Lioret | Montevideo
@|Nuestras privilegiadas mascotas gozan de más derechos que estas mujeres.
Basta decir que el informe que redacta esta historia se llama “Death in slow motion…”.
No pueden mostrar ni un centímetro del cuerpo, no pueden cantar ni leer en su propia casa, ni trabajar, ni salir de la casa sin un custodio, ni ir a la peluquería, ni estudiar, ni ir a un gimnasio. Las casan a prepo con un talibán desde niñas y deberá parir los hijos que se les indiquen.
La tierra que tanto trabajo le dio a Alejandro y tanta sangre costó a la Rusia comunista, una vez más expulsó a un pusilánime y desde entonces, para silencio de los que compraron la versión talibán vegetariana, se ha vuelto un infierno en la tierra años atrás de la Edad Media, para usufructo de algunas potencias vecinas que juegan al ajedrez global.
Mientras espero que nuestro parlamento alce su voz (debe estar ocupado cambiando de nombre a una plaza) o que los feministas organicen una multitudinaria protesta (o al menos un post chiquito) escucho, sin esperanza, Seeds of Freedom, Manu Chao.