Marcello Brienza | Montevideo
@|En la jornada de hoy se cumplen los 250 años de la Declaración de Filadelfia. Es una fecha de gran significación.
Muchas veces se ha escrito u oído decir que nuestro país miró mucho a Europa y, más concretamente, a Francia.
Esa reflexión no es del todo correcta ya que, si bien el 14 de julio de 1789, jornada en la que el pueblo parisino tomó La Bastilla y considerada el comienzo de la Revolución Francesa, este hecho social no fue la única fuente de inspiración de la gesta independentista americana.
Trece años antes, se produjo en la Ciudad de Filadelfia, un hito histórico que tendrá una fortísima influencia en los movimientos emancipadores de nuestro continente.
Trataremos de demostrar, en forma sucinta, todos los aportes que supuso el hecho que se conmemora.
Ese día, se suscribió un documento, por el cual las trece colonias británicas del este de Norteamérica, proclamaron la separación del Reino Unido de la Gran Bretaña, constituyéndose como Estados libres e independientes. La fecha es valorada como el inicio de lo que en la actualidad conocemos como los Estados Unidos de América y quienes fueron parte de ese acto como sus Padres Fundadores.
Es necesario analizar cuáles fueron los principios fundamentales que perseguían hombres de la talla de Thomas Jefferson, George Washington, Benjamín Franklin, Thomas Paine, John Adams, Alexander Hamilton, John Jay, James Madison, entre otras cumbres intelectuales.
Estos pensadores partían de una premisa básica: los hombres nacen iguales y poseen una serie de derechos que le pertenecen en forma inalienable. Con la declaración que hoy recordamos estaban reconociendo a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad como derechos fundamentales de las personas.
Estaban imbuidos en un espíritu republicano y democrático, implantando un sistema basado en la separación de poderes y la igualdad de todos ante la ley.
Lograron plasmar en el documento de referencia los ideales del liberalismo político, basado en la libertad de los individuos y en sus derechos de carácter natural, preexistentes a la organización jurídica y política.
Además, toman como referencia ineludible las ideas de la Ilustración, en las obras de pensadores como Thomas Hobbes y John Locke, el Barón de Montesquieu y Jean Jacques Rousseau.
La cuestión central era vertebrar una sociedad basada en una autoridad, cuyo poder emergía del pueblo, del consentimiento que prestaban los gobernados a los gobernantes. Para ello era necesario que se pactara un contrato social cuya esencia y legitimidad surgiera de la soberanía popular. Es decir, que el gobierno del, por y para el pueblo tuviera una norma fundante, lo que conocemos como Constitución.
Todos estos criterios rectores tenían como basamento el principio de autodeterminación del pueblo, por el que las ex colonias rompían sus vínculos con la metrópoli londinense para constituir una nación separada, independiente e igual a las demás.
Esta concepción organizacional tuvo sus repercusiones unas décadas más tarde en la Banda Oriental.
José Artigas había leído, entre otras obras, “La Independencia de las trece colonias de América treinta años ha”, escrita por uno de los inspiradores de la independencia que celebramos, Thomas Paine. De la publicación extrajo principios como los de Libertad, República y Federación, conceptos esenciales de su propuesta constitucional conocida como las Instrucciones del Año XIII, que les dictara a los representantes de la Provincia electos para integrar la Asamblea Constituyente convocada en Buenos Aires ese año.
Es necesario destacar que también tuvo otras fuentes de inspiración, en base a lecturas de pensadores ya mencionados. La influencia del hecho histórico en el Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres, es fundamental, aunque no es el único, ya que hubo de la Revolución Francesa importantes influjos. La mirada en el 4 de julio fue tan relevante para nuestra historia política, que se consagró como feriado nacional, denominándolo Día de la Democracia, conmemorándose durante muchos años.
La nación norteamericana fue tomada como referencia de la nuestra, no solo para Artigas. También está muy presente en José Pedro Varela. De su viaje a las lejanas tierras del norte de las Américas, tomó la idea de la educación popular, para construir el magnífico legado de la escuela laica, gratuita y obligatoria, esencia no solo de formación cultural y ciudadana, sino como factor de cohesión y movilidad social. La referencia de Horace Mann fue clave.
A manera de conclusión, me es imprescindible recordar la imponente majestuosidad del escenario del Obelisco a los Constituyentes de 1830, en aquel noviembre de 1983. En el glorioso acontecimiento, con la lectura y gestualidad de Don Alberto Candeau, quedaron palmariamente demostrados, una vez más, los valores acendrados del pueblo uruguayo, esos que provienen de jornadas memorables como la que recordamos y constituyen una expresión libérrima en su rica y fecunda historia.
Al finalizar el inolvidable acto, la multitud emocionada y vibrante acompañó al formidable orador, respondiendo a viva voz y de manera contundente cada una de las invocaciones del queridísimo y respetado actor uruguayo. ¡Viva la Libertad! ¡Viva la República! ¡Viva la Democracia!