Una relación entre el amor y la desconfianza

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por Martín Aguirre

"Siempre tenemos buena onda con Mujica". Las palabras de Cristina Fernández, pronunciadas un año atrás en ocasión de un encuentro bilateral, pintan lo que ha sido el tono en la relación entre ambos mandatarios. Algo que viene incluso de atrás, cuando en plena campaña electoral uruguaya, Néstor Kirchner se pronunció sin medias tintas afirmando "que gane Mujica".

Pero pese a estas declaraciones de amor, a veces poco correspondidas por el mandatario uruguayo (que llegó a calificar de "patoteros" a los peronistas) la relación en su año y medio de gobierno ha sido compleja y con pocos resultados concretos.

Todo comenzó en clave de luna de miel cuando, a poco de asumir, Mujica logró un acuerdo que puso fin al conflicto por la instalación de Botnia. Algo que marcó un matiz muy importante con la gestión de Tabaré Vázquez, en la cual la relación con el vecino platense llegó a su punto más bajo en décadas. Pero los éxitos no pasaron de allí. Pese a los anuncios y fotos sonrientes, ese acuerdo ha tenido grandes dificultades de implementación, y es así que recién un año después comenzará a ejecutarse el monitoreo conjunto del río compartido.

Y detrás de los flashes, las tensiones se han mantenido saludables. El principal foco ha sido justamente la relación en los organismos bilaterales que controlan los límites fluviales, donde se ha denunciado que los representantes argentinos han bloqueado permanentemente toda propuesta uruguaya. Por ejemplo, sigue pendiente el dragado de los canales de navegación, vitales para los puertos litoraleños uruguayos. Además han habido otro tipo de problemas, como limitaciones por parte de Argentina a la dimensión de los convoyes de barcazas que asisten a Nueva Palmira, negativas o dilaciones sin razón a varios proyectos de inversión en la zona, y hasta inquisitorias exageradas de guardacostas argentinos a buques fondeados frente a los puertos uruguayos.

Por otro lado, en materia de relación comercial tampoco la cosa ha mejorado sustancialmente. La decisión del gobierno argentino de instaurar un sistema de licencias previas para importaciones aún dentro del Mercosur, afectó gravemente a productos uruguayos. Si bien Mujica utilizó su relación personal con Fernández para intentar exonerar a Uruguay de este proceso, su resultado fue relativo. Se estima que esas medidas argentinas afectan a productos uruguayos, por unos US$ 135 millones por año.

Otro aspecto donde hubo chispazos ha sido en el tema tributario, donde la agencia recaudadora argentina presiona a Uruguay para que entregue datos de las inversiones de sus ciudadanos en el país. Esta especie de "guerra fría" ha llegado al punto de que la AFIP de aquel país denunciara que aceiteras argentinas utilizan las zonas francas uruguayas para maniobras de evasión. Incluso jerarcas de ese organismo han acusado públicamente a la justicia uruguaya de "poner palos en la rueda" en la lucha contra el narcotráfico.

Uno de los pocos aspectos en que la relación parecía haber sido encauzada, que era el energético, también ha mostrado diferencias. Si bien Uruguay ha aceptado vender energía extra de la represa de Salto Grande en momentos de necesidad de Argentina, otros proyectos muy anunciados siguen en espera. Por ejemplo el de la famosa "planta de regasificación", que se instalaría en Uruguay para abastecer ambos mercados. El Presidente Mujica anunció en verano que para el mes de mayo estaría hecha la licitación, pero aún no hay noticias del asunto.

Como se ve la relación con Argentina sigue siendo compleja. Y pese a los gestos y a los discursos amistosos, la cadena de choques y diferencias parece mostrar que los problemas que salieron a la superficie en ocasión del conflicto por Botnia siguen pesando más que los puntos en común entre dos países hermanos.

El dato.

En 2010 Uruguay exportó a Argentina bienes por US$ 500 millones, e importó por valor de US$ 1.400, un déficit comercial de US$ 900 millones.

La frase.

"Somos objeto de medidas que nos perjudican y no podemos responder con medidas unilaterales porque sería como castigarnos dos veces". (Ministro Fernando Lorenzo)

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