Una partida de caza

Luciano Álvarez

Era una película para un fin de semana lluvioso: "The Hunting Party" (2007), un juego de palabras que tanto puede significar "grupo de caza" como "fiesta del caza", aunque el "tilingo de los títulos en castellano", como lo definió una vez Hugo Alfaro, la llamó "Corresponsales en peligro".

"Basada en hechos reales", dice la tapa del DVD, lo que significa que los guionistas, productores y directores de Hollywood, introducirán en la trama de la realidad, al menos una historia de amor, modificarán personajes y nos darán un final adecuado, feliz o moralmente tranquilizante, entre otros tópicos. "The Hunting Party" cumple las reglas.

El asunto de fondo era: "¿Cómo es posible que haya tantos criminales de guerra libres luego de la guerra de Bosnia (1992-1995)? La respuesta al problema ha sido dada en miríadas de películas: bastan dos o tres americanos decididos para resolver el problema. Tengo cierta manía por buscar los hechos reales, detrás de las historias "basadas..." He aquí los resultados de mi intento.

En la noche del 23 de abril del 2000, tres periodistas norteamericanos (Sebastian Junger, Scott Anderson y John Falk), un belga (Philippe Deprez) y un holandés (Harald Doornbos) se reencontraron en un café de Sarajevo. Junger era el mayor (38 años) y Doornbos el menor (33), pero eran ya unos veteranos que habían comenzado a cubrir guerras en los Balcanes y habían continuado detrás de casi todas las demás.

Luego de unas cuantas cervezas, Philippe Deprez les mostró un semanario de Sarajevo donde se publicaba un pedido de captura de Radovan Karad-zic, Ratko Mladic y Slobodan Milosevic, principales responsables de la "limpieza étnica" en los Balcanes. El gobierno de los Estado Unidos ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares.

-Es una farsa, dijo Deprez. En realidad no están haciendo nada para capturarlos. El aviso pone fotos viejas y el número de teléfono gratuito sólo acepta llamadas desde los Estados Unidos.

-Ustedes los periodistas europeos viven pensando en teorías conspirativas, le respondió Scott Anderson.

-Entonces, ¿cómo siguen libres a pesar de los veinte mil hombres de la OTAN que supuestamente los buscan?

Por extraña coincidencia -diría más tarde Anderson- en el mismo semanario se publicaba una nota de tapa afirmando que Karadzic y sus guardaespaldas rondaban por los municipios de Rudo, Visegrad y Cajnice, fronterizos con Montenegro, en largas caravanas de Zastavas -una variante del Fiat 1400- de color naranja.

El holandés Harald Doorn-bos, aparentemente, ya tenía la pista y algunos datos más. "Ellos eran mis mejores amigos, nos sentamos en mi casa y nos fuimos con mi coche", decididos a buscar al fugitivo, denunciarlo, cobrar la recompensa y escribir artículos bajo el tema genérico de "24 horas en la búsqueda de Karadzic".

"Los corresponsales de guerra tienen todos el mismo problema -ha reconocido Philippe Deprez-, les divierte arriesgar el pellejo por una noticia. Su trabajo podría considerarse como un deporte extremo. Es raro, casi pueril, pero hasta les pone de buen humor" y, para citar a Hemingway: "la alegría proporciona un sentimiento de inmortalidad".

-Un día, ¿verdad? Y luego nos vamos a la playa -dijo Sebastian Junger, convertido en novelista de éxito con "La tormenta perfecta", a punto de estrenarse como película.

En cambio John Falk andaba mal de plata. Al menos escribir un buen artículo le vendría bien.

El problema de Philippe Deprez, que vivía en Sarajevo, con su esposa y tres hijos, era encontrar una buena excusa para irse con sus amigos a una aventura loca.

Los siguientes eventos necesitaron escasos retoques para pasar al cine. Recurrieron a sus contactos: un oficial ucraniano de las fuerzas de la ONU y un policía secreto serbio les dieron buenos datos. Lo curioso es que estaban convencidos que los pretendidos periodistas eran en realidad un comando de la CIA, enviado para secuestrar a Karadzic.

Mientras tanto, la verdadera CIA estaba al tanto de sus pasos. Un coronel estadounidense, primero les advirtió de los peligros de meterse en esa aventura sin tener siquiera una pistola de agua. "Hubo una segunda reunión con la CIA mucho menos agradable", recuerda Doornbos. Hacerse pasar por agentes de la CIA podía ser considerado un acto criminal. Por más que replicaron que sólo habían jugado con la confusión, el tema no quedó cerrado. El militar ucraniano que fue su primer informante fue trasladado; del serbio no volvieron a saber.

Cada uno de los cinco amigos volvió a sus asuntos. Se volverían a encontrar en una breve escena de "The Hunting Party".

Philippe Deprez, continuó como corresponsal de guerra y fue uno de los raros periodistas que logró mezclarse, sin ser descubierto, con los marines que entraron en Bagdad. Ignoro si escribió sus "24 horas en la búsqueda de Karadzic". Harald Doornbos, seguro no lo hizo: "No tenía elementos sólidos para construir una historia", dijo. Cuando se estrenó "The Hunting Party" estaba en Afganistán.

Sebastian Junger tiene un bar en Nueva York, realizó un premiado documental sobre la guerra de Afganistán, "Restrepo", y escribió War, un libro sobre la misma guerra; también otro sobre Nigeria.

John Falk publicó "Hello to All That", ambientado en la guerra de Bosnia. El actor y guionista Owen Wilson, le compró los derechos para hacer una película.

Apenas regresó de Bosnia, Scott Anderson publicó su ar- tículo en la revista Esquire: "Cómo pasé mis vacaciones de verano" (1º de octubre de 2000), que puede leerse en Internet. Le compraron los derechos y se adaptó como "The Hunting Party". Recientemente se estrenó "Triage", basada en una novela suya, sobre dos fotógrafos de guerra.

El 1º de julio de 2008, Radovan Karadzic fue arrestado en Belgrado. Luego de sucesivas dilatorias, el lunes 1º de marzo de 2010, se reanudó, en La Haya, el juicio por genocidio contra del ex líder serbiobosnio.

"Defenderé a mi país y su causa que es justa y santa", dijo y agregó que no está para defenderse a sí mismo "tanto como para defender la grandeza de la pequeña gran nación de Bosnia-Herzegovina".

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