Carlos Maggi
El enemigo mayor de este país enrarecido que habitamos, es el monopolio: -Sacame la competencia, que del precio yo me encargo.
La formación de los precios no es un juguete; es un hecho perfectamente serio; fija la calidad de vida y puede terminar con los imperios más poderosos.
¿A qué seguir? Las maldades del monopolio son un tópico.
Observo que los programas de la enseñanza terciaria, cada vez se cumplen en menor tiempo. No es cuestión de aprender mucho; es cuestión de recibirse rápido.
En general los profesores se han hecho más complacientes y los estudiantes más propensos a exigir que se simplifique la carrera. Los estudiantes son una fuerza, y las autoridades ceden, y atrás de esa pugna está el afán de lucro.
La Universidad dejó de ser centro de irradiación, no discute ni divulga ideas generales o conocimientos de punta, ni desarrolla las investigaciones en la medida que corresponde a su jerarquía.
La Universidad es la máquina de expedir títulos universitarios.
Los monopolios dejan en manos de quien vende cosas o servicios, cobrar lo que quiere o el arancel conveniente que fijan los propios integrantes del oligopolio profesional. Entonces, una mera firma cobra el valor pecuniario que fue establecido.
Como la miel, las dulzuras del monopolio atraen a muchos aspirantes a ser privilegiados; esta es una nueva fase del tema "M´hijo, el dotor".
La Unión Soviética que aún mantiene adoradores, dejó de existir porque todos sus precios eran precios administrativos. Dominaba la mitad del mundo la Unión Soviética, y sin embargo fue vencida desde adentro por sus empresas oficiales, monopólicas.
¿Qué está pasando entre nosotros?
Quedamos descreídos después de 30 años de estancamiento (1955-1985) y nos mantenemos desganados, después de 5 años de crecimiento esplendoroso. El problema del quede no es económico; es de origen corporativo. La suma de los monopolios aplasta a los uruguayos.
Esteban Valenti compara la suerte corrida por el comunismo ruso, con la suerte corrida por el comunismo de China continental y dice con razón que en la Unión Soviética:
-"Faltó liderazgo. La burocracia había llegado a los ganglios de la sociedad y al peor nivel: al pensamiento, a las ideas". (Bitácora, 8/11/07)
Esta observación sirve para entender el Uruguay.
Para rejuvenecer las ideas, nada es mejor que conocer el caso soviético seguido del ejemplo chino. China ofrece una comprobación magistral que está por encima de las etiquetas "izquierda" o "derecha"; de las ideologías; del fanatismo; de la ignorancia, que es la madre de todos los desastres.
La Unión Soviética fue derrotada por sus propios monopolios. China estaba en lo mismo y se salvó porque fue capaz de reformar el Estado.
China suprimió la inamovilidad de los funcionarios, desmanteló 370.000 empresas públicas y se acogió al libre mercado. Fue un precio que costó muchos sacrificios, pero lo pagaron y hubo un beneficio colosal.
En Rusia se conoció la situación, como en China, pero no hubo la posibilidad de cambiar nada.
"Pravda" el diario oficial del Partido Comunista Soviético, describió con anticipación el caos imperante:
- "Ni uno solo de los 170 sectores esenciales (de nuestra economía) ha cumplido los objetivos del plan, ni una sola vez durante los últimos 20 años... Esto trajo una reacción en cadena de esfuerzos (estériles) y de desequilibrios que nos ha llevado a una "anarquía planificada"...
En la Unión Soviética, las corporaciones de la burocracia tenían más poder que el gobierno y por consiguiente todos vieron el desastre y nadie pudo atajar lo que se venía.
En el Uruguay se repite el callejón sin salida que destruyó al comunismo ruso; la mitad de la economía está en manos de la burocracia que hace todo mal; consecuentemente, las pérdidas invisibles son descomunales; la mitad de los medios de producción es ineficiente, pero la reforma del Estado prometida por todos los partidos, no se hace; el poder público no puede con el poder de los gremios.
En el presente año, la estructura defectuosa de nuestro país desangrado por los entes incompetentes, empieza a mostrar síntomas realmente graves.
UTE, una luz que agoniza, ofrece sus servicios sabiendo que está al borde del abismo: en pleno verano debe importar electricidad argentina, un recurso que depende de la buena voluntad (!) del señor Kirchner. UTE pende de un hilo y no tiene solución inmediata, ni planes a mediano plazo, ni mucho menos, planes a largo plazo. UTE registra un déficit de producción con respecto al consumo, que puede llegar a los 600 megavatios; y no termina de saber cómo salir de este atolladero.
OSE está mucho peor; en pleno enero anuncia restricciones en el servicio de agua corriente ¡en los balnearios! que son el corazón del turismo; una industria que dura 60 días al año y para la cual se hacen inversiones super millonarias.
OSE manda: Está prohibido lavar y regar, como si los dueños de hoteles, restaurantes, bares, autobuses, taxímetros, remises, etc., pudieran trabajar con jardines muertos y vehículos mugrosos.
OSE previene: Van a salir inspectores dispuestos a castigar sin miramientos. Al que desobedezca, dice OSE, se le cortará el agua. Vale decir: tendrá que mudarse a otra casa o cerrar su negocio. Es un estilo imperial que nos acerca a la situación cubana.
Cabe recordar ante tanta prepotencia, que la Constitución dice en su artículo 47:
-El agua es un recurso natural esencial para la vida. El acceso al agua potable constituye un derecho humano intocable.
La amenaza de OSE, es pues, una amenaza mentirosa. OSE no puede arrebatarle a sus clientes un derecho intocable. OSE bien podría ser objeto de una acción de jactancia, basada en su fanfarronería. También podría ser demandada, si llega a cortar un servicio sin norma que la habilite.
OSE no puede elegir a quién le da agua corriente y a quién no.
La situación es particularmente irritante, porque OSE, conociendo sus flaquezas, decidió durante todo el año, no ocuparse de los balnearios de la Costa de Oro. Y ahora, cuando queda en evidencia (cuando falta el agua por no haber tomado las medidas adecuadas) la respuesta es una bravata que la cubre de ridículo. En vez de ayudar a sus clientes en una emergencia, OSE la va de malevo. Es demasiado fácil cerrar la llave de paso. Así, queda en evidencia hasta dónde el monopolio lleva a la crueldad; engendra desprecio por la gente, y soberbia en los mandones.
¿Qué son estas empresas del Estado que salen avisar que no les compren sus productos, porque eso trae castigo, aunque se trate de una primera necesidad como lo son el agua y la luz?
La primera obligación de un ente es cubrir la demanda. A la primera omisión en este deber, el ente debería perder el monopolio.
¿Algún sueldo se deja de cobrar, cuando el servicio de OSE se interrumpe? Por supuesto que no. Todos los gozadores del monopolio seguirán percibiendo su rica remuneración privilegiada.
Solo le falta al Uruguay una empresa del Estado que cobre el aire y se encargue de sancionar, con estrangulación y ahogo, a quienes violen sus reglamentos respirando hondo.