LUCIANO ALVAREZ
El 14 de julio de 1789 Luis XVI, rey de Francia, pasó el día cazando y se acostó con una satisfecha fatiga. Al día siguiente, el duque de Rochefoucauld-Liancourt le despertó para anunciarle la toma de la Bastilla. El remate del diálogo es célebre: "¿Es una revuelta?", preguntó el rey. "No Majestad, es una revolución".
Sin embargo el rey tenía razón, aunque, con el diario del lunes, la Historia y la mitología política se la negaron. Cinco días atrás, se había constituido la Asamblea Nacional Constituyente, surgida de los Estados Generales convocados por el rey el 5 de mayo. Francia se encaminaba hacía una monarquía constitucional. El trágico Luis XVI ha sido menospreciado tanto por la Historia, como por la ficción y el imaginario popular. Se ha subrayado su carácter indolente, manipulado por la frívola reina María Antonieta y por las intrigas cortesanas. Un gordito al que sólo le interesaba la caza y el hobby de la relojería.
Sin embargo poseía un sincero amor por su pueblo y un innegable deseo de hacer el bien, no era vanidoso ni proclive a aceptar la adulación. Dominaba varias lenguas; tradujo y publicó autores ingleses como David Hume, Horace Walpole y Edward Gib-bon. Era bueno en lógica, gramática, retórica, geometría y astronomía; era un excelente geógrafo y no carecía de conocimientos de economía.
Tenía una formación ilustrada, conocía bien a Montesquieu y estaba convencido de la necesidad de una monarquía constitucional. Quizás Luis XVI fuera el mejor rey posible para sacar a Francia del absolutismo y los privilegios feudales.
Desde su ascenso al trono intentó reiteradamente promover reformas, por eso "la revolución francesa no empezó por un tumulto sino por un idilio", dice André Maurois. Cuando fueron convocados los Estados Generales de 1789, el joven abogado de Arras, Maximiliano Robespierre vertió "torrentes de lágrimas" ante la aparición de ese rey pro-videncial. Mirabeau se congra-tulaba de una revolución sin sangre: "La Historia nos ha contado con demasiada frecuencia los actos de las bestias feroces, entre los que se distinguían de tanto en tanto algunos héroes; hoy nos está permitido esperar el comienzo de la historia de los hombres".
Sin embargo, Maurois reconoce que "en la monarquía absoluta, la persona del rey lo es todo. El régimen vale lo que vale el soberano". Luis XVI carecía de la necesaria vocación de poder, de la fuerza de voluntad y la dureza de carácter para lograr los objetivos deseados.
Adolphe Thiers trazó la tragedia en un pantallazo: "El convencimiento de las injusticias era universal, nadie lo negaba, y el rey, el primero. Los cortesanos, que gozaban de los privilegios, sentían la necesidad de cambiar pero no eran capaces del menor sacrificio". Recitaban en las tertulias las máximas de los filósofos y mientras cazaban se condolían del desamparo de los campesinos. Vitoreaban la revolución norteamericana, aclamaban a los oficiales franceses que habían participado de ella y tenían a Benjamín Franklin como el mimado de toda la aristocracia. "Todos hablaban del bien público, pocos los querían […] mientras el pueblo aclamaba a cuantos se oponían al poder supremo, que era su enemigo de mayor bulto".
Una revuelta es un movimiento espontáneo, de carácter violento contra una percepción de injusticia y opuesto a alguna forma de poder. Eso fue lo que sucedió el 14 de julio de 1789.
Dos días antes comenzaron los disturbios. Camille Desmoulins, un inepto abogado y "granuja genial", como lo definió Michelet se subió a una mesa del café de Foy. Con una hoja de castaño en el sombrero a modo de improvisada escarapela, con una espada en una mano y una pistola en la otra gritó: "a las armas". La revuelta llegó hasta la Bastilla, antigua prisión, otrora símbolo de la arbitrariedad absolutista, ahora prácticamente vacía. Cuando la multitud la asaltó, esperaba liberar centenares de presos políticos. Sin embargo apenas había cuatro falsificadores, dos locos y el conde de Solages, un criminal, encerrado a pedido de su propia familia. De todos modos la realidad poco importa; las leyendas nacen y corren; los grabados le prestan su imagen a una Bastilla de celdas repletas de presos y cadáveres, incluso el esqueleto del célebre "hombre de la máscara de hierro".
De todos modos, el intento de transitar hacia una monarquía constitucional vivirá aún dos años más y sólo más tarde, en 1793, sobrevino "el terror". Stefan Zweig, describió en menos de 60 palabras ese proceso: "Entre la Monarquía absoluta y la Asamblea Nacional transcurrieron siglos; de la Asamblea a la Constitución dos años; de la Constitución al asalto de las Tullerías, un par de meses; del asalto de las Tullerías a la prisión [del rey y su familia] sólo tres días. Todavía quedan unas pocas semanas pa-ra la guillotina y luego sólo un barquinazo para la tumba".
Esta sucesión vertiginosa habrá de repetirse muchas veces en la historia. La revolución francesa no produjo, al menos durante el resto del siglo, ni Libertad, ni Igualdad, ni menos aun Fraternidad. Del mismo modo, muchas revoluciones triunfantes y procesos de transición hacia regímenes de libertad, democracia y pluralismo, se ahogan en el "putsch", es decir, en la usurpación violenta del gobierno por grupos pequeños, altamente motivados y exentos de incómodos escrúpulos. Así surgieron los Robespierre y los Bonaparte, así terminaron las ilusiones de la Revolución que se acunaron en febrero de 1917 en Rusia y murieron en Octubre, así sucedió con la república de Weimar, Cu-ba, Irán y tantos etcéteras.
Los acontecimientos de estos días en Egipto y otros países árabes plantean una vez más la inquietante pregunta: ¿cómo evitar que las revoluciones hechas para la libertad terminen en nuevas tiranías?
Mohamed El Baradei, premio Nobel de la Paz y uno de los líderes de la oposición aseguró: "Mubarak necesita irse hoy... para que se produzca una transición suave hacia un gobierno de unidad nacional, que fije todas las medidas para unas elecciones libres y justas". Ojalá suceda.
"Los acontecimientos de estos días en Egipto plantean una vez más la pregunta: ¿cómo evitar que las revoluciones hechas para la libertad terminen en nuevas tiranías?"