Debe ser la primera vez que este autor está de acuerdo con la senadora Constanza Moreira, y Carolina Cosse. Si, quédese tranquilo el amable lector, que la consulta con ese profesional médico ya está en proceso. Pero, hablando en serio, es que los ataques contra Fabiana Goyeneche, por ese artículo en la Rendición de Cuentas, son un exceso.
Si no sabe de lo que hablamos, resulta que en esta rendición se incluyó un artículo que permitía a Cancillería dar una partida especial por productividad, como “incentivo a la gestión por resultados”. Esto igualaba una práctica del Ministerio de Economía (de donde es funcionaria Goyeneche), permitiendo a la exactivista recibir un beneficio que hubiera tenido en el MEF, pero se perdía por revistar ahora en Cancillería.
Goyeneche es alguien que genera una tirria especial en mucha gente que no es votante del FA. Hace años se nos ocurrió hacer un perfil de su figura, y ponerla en la tapa del diario, y la cantidad de “reclamos” que recibimos fue masiva. Es curioso, porque es una persona capaz, inteligente, y las pocas veces que la hemos tratado, muy amigable.
Pero, sobre todo, se trata de una injusticia porque claramente el problema no es ella. El caso deja en evidencia dos cosas bien lamentables. que son estructurales en nuestro sistema político.
El primero, la forma bizantina en que los jerarcas se ponen creativos a la hora de dar aumentos a algunos funcionarios, esquivando restricciones presupuestarias. “Incentivo a la gestión por resultados”... ¡Por favor! 30 mil mangos por mes que se pasan de manera turbia, y que los funcionarios toman como lo que son, parte de sus ingresos sin condición alguna.
Lo segundo, justamente, es la perversión total del instituto del pase en comisión. Este estaba previsto, de forma muy inteligente, para que un legislador en vez de salir a contratar un asesor especializado, pudiera apelar al pool de funcionarios ya contratados por el Estado. Pero se ha vuelto una usina de acomodo por parte de todos los partidos, de esos que nutren como nada el crecimiento de la antipolítica.
Fijémonos en el caso concreto. Goyeneche ingresó al Ministerio de Economía, después se fue a la intendencia, y ahora está en Relaciones Exteriores. Pero su sueldo siempre lo paga el MEF. El día que deba volver a su oficina “natural”, después de tantos años ausente, nadie le conoce la cara.
Pero hay 500 casos iguales, porque cada legislador tiene derecho a cinco pases de este tipo. Hasta Salle tiene varios, y uno es un odontólogo medio pariente. A menos que esté planificando una gran reforma legal sobre el tratamiento bucal, es incomprensible el motivo.
Pero hay una segunda cosa lamentable de nuestra política que este caso deja a la vista.
Hace unos días en el programa En Perspectiva se discutía sobre el acto del FA en El Galpón. Y el amigo Martín Bueno hablaba de lo añoso de la concurrencia. Esto llevó la charla al tema de las “juventudes” institucionalizadas en los partidos, su lado negativo en cuanto a que genera un estamento profesional político, que vive de esta actividad desde muy joven, y pierde todo nexo con la vida “real”. Una panelista cercana al FA se quejaba que eso generaba incentivos perversos a que los jóvenes se “aburguesaran”, y no tuvieran autoridad luego para cambiar cosas, porque siempre terminan dependiendo de la prebenda de este diputado o aquel senador.
El caso Goyeneche es expresivo. Una profesional universitaria, buena comunicadora, con visibilidad... Pero que tras su explosión en los medios con aquello del “No a la baja”, terminó haciendo una carrera tan opaca en lo público, como productiva en lo personal, en los entresijos de la política.
Viendo el gabinete actual, ¿cuánta gente hay más capaz o con más capital político que Goyeneche? ¿Y en el Parlamento, donde el FA no tiene un abogado?
Claramente, los incentivos están mal diseñados, al punto que Goyeneche pudo ser intendenta de Montevideo en un momento, y declinó porque debía sacrificar su condición de funcionaria presupuestada del MEF. De nuevo, el problema no es ella, que hace lo que más le conviene, como cualquier ser humano. Es del sistema.
Claro que tener defensores como Cosse o Moreira no la ayudan mucho. En el caso de la vice, poca gente tiene antecedentes de derroche que la emparden. Por ejemplo, según se informó hace unos años, cuando pasó al Parlamento tenía una asesora en comisión a quien la IMM pagaba un sueldo (fijado por la propia Cosse cuando era intendenta) de 263 mil pesos por mes. ¡Más que el comandante del Ejército! ¿Qué tarea tan esencial podía desarrollar?
Y en el de Moreira, esa apelación permanente a que toda crítica se debe a la condición femenina de quien la recibe, ya dejó de conmover a nadie, para pasar a ser motivo de burla. Con “amigas” así, los enemigos sobran.