FRANCISCO GALLINAL
En torno al eventual Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de América se han centrado buena parte de las noticias nacionales más importantes de los últimos días, como consecuencia de la visita que realizara un representante de aquel gobierno a nuestro país, y de la exposición que sobre el tema realizara el Presidente Vázquez. Presidente que, por primera vez, ha sido claro en ponerle rumbo al tema, y ha explicitado, por fin, las bondades de un acuerdo comercial como el que se está negociando.
En el medio de la tormenta ha estado, también, el Canciller Reinaldo Gargano. Su conocido rechazo al tratado, y su referencia a la posibilidad que el tren, que según Vázquez pasa una sola vez en la vida, lo pueda -al Presidente y al país- terminar pasando por arriba, abrieron una vez más la interrogante de si el canciller seguirá al frente de su responsabilidad ejecutiva o deberá retornar al Senado, donde él mismo anunció pocos días atrás, en ocasión del tratamiento de la Rendición de Cuentas, va a terminar esta administración.
Desde ya que ratificamos nuestra posición favorable a este Tratado, y a los que bajo similares modalidades puedan venir en el futuro, con otras naciones. Así quedó, por otra parte, claramente de manifiesto en la interpelación que junto a nuestra colectividad planteáramos en los últimos días, con el propósito de traer a Sala al gobierno no para desnudar sus diferencias, recontra conocidas a esta altura, sino con la esperanza que éste llegue al parlamento con una única y favorable posición respecto al incremento del intercambio comercial en condiciones más ventajosas para nuestra producción.
Pero hoy tenemos que darle la razón a Gargano. En estos tiempos de gobierno frenteamplista, quien claramente representa el pensamiento y el accionar frenteamplista desde que nació esa fuerza política hasta -por lo menos- marzo del 2005 en que asumió el gobierno, es Gargano; quien tiene para exhibir documentos, proclamas, muros, programas de gobierno, en contra de un Tratado de Libre Comercio, todos ellos emanados del otrora Encuentro Progresista, y en desmedro de la posición que sustentan muchos de sus compañeros y aliados políticos, es el actual Canciller.
Se podrá discrepar con su actuación en este año y medio que va de gobierno; se podrá cuestionar su desplante en el foro de los últimos días, enmendándole la plana al Presidente y, de acuerdo a lo que informa la prensa, siendo el único que no aplaudió al final de la exposición del primer mandatario. Pero también es el único que ha decidido no atarse al sillón, "ni le rasca el lomo al chancho" como alguno de sus folclóricos compañeros de gabinete que, en este tema, lo está dejando solo.
Que la posición histórica del Frente Amplio, la que era dable esperar en una coyuntura de estas características, es la que sustenta Reinaldo Gargano, no nos cabe la más mínima duda y al menos por lealtad y reconocimiento a su coherencia, no nosotros sino sus compañeros deberían reconocérselo.
¿O acaso alguien tiene dudas que si el Partido Nacional hubiera ganado las elecciones y hoy estuviera negociando un TLC con EE.UU., no solamente Gargano sino todo el Frente Amplio estaría cuestionando al gobierno y promoviendo una interpelación, ya no por los motivos que inspiran a nuestro Partido, sino para intentar censurar a el o los Ministros del ramo?