ALFONSO LESSA
Después del agobiante año electoral de 2009 y pasados el verano y la Semana Santa o de Turismo, mañana lunes el país ingresará en la última y decisiva etapa de la campaña electoral por las elecciones municipales.
Lo que se juega es muy relevante, pero lo que se ha visto hasta el momento es una campaña a medias, por momentos gélida, que no ha entusiasmado a nadie. Ha sido, por sobre todas las cosas, una oportunidad para presentar a los candidatos, el precalentamiento para la lucha -corta por cierto- que en realidad comenzará la semana que se inicia.
El escenario, precisamente, no es el más propicio para generar entusiasmo: al agotamiento que provocó la sucesión de votaciones del año pasado, se une a la enorme confusión de la precipitada puesta en práctica de elección de alcaldes y la certidumbre de que, por lo menos en la capital y Canelones, el resultado ya está cantado. Y, como si eso fuera poco, el hecho de que entre muchos frentistas, la candidatura de Ana Olivera -emanada de un traumático proceso- no genera fervor.
Pero, pese a todo, estas elecciones constituyen el último eslabón para definir la ecuación política de los próximos cinco años.
Cada partido tiene su desafío: el Frente Amplio tiene el gran reto de mantener las intendencias del interior, pero además debe observar con atención lo que ocurrirá en Montevideo, tanto por el proceso de selección de su candidata como por la opinión de los capitalinos sobre la gestión en marcha.
El Partido Nacional es el principal retador de los frentistas en el interior y también se ve en la necesidad de, al menos, mantener los departamentos en los que actualmente gobierna e intentar arrebatar alguno a la izquierda. E incluso, contradiciendo una corriente histórica, aparece como mejor posicionado que los colorados en Montevideo, por lo que puede ser el que mejor pelee por acotar el margen del triunfo frentista. La fuerte competencia interna de los blancos, parece ser, en este caso, un factor a favor del nacionalismo.
Para los colorados el reto es conseguir algún departamento más que Rivera y fortalecerse en otras zonas del país, incluyendo la capital, esto último bastante complicado según sugieren las encuestas.
En medio de este proceso, se ha colado el asombroso acto de patoterismo protagonizado por un grupo de inspectores de tránsito de Montevideo que han ofendido a todos los capitalinos. Un hecho tan grave como la justificación que pretendieron realizar voceros de Adeom, mostrándose como defensores a ultranza de lo que sea, aunque ello implique la violación de normas legales y éticas elementales, muy lejos de las tradiciones sindicales del Uruguay. Hechos todos de una gravedad extrema y que obligarían a una investigación profunda acerca de lo que está ocurriendo con el trabajo de los inspectores en las calles. Se trata de uno de los temas de la vida diaria de la gente, que constituyen desde ya un desafío para quien gobierne la capital.